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SALMO 79

SALMO 79

C.H.Spurgeon.

Un Salmo de lamentación que podría haber sido escrito por Jeremías entre las ruinas de la ciudad amada. Evidentemente trata de los tiempos de la invasión, opresión y derrocamiento nacional.

Vers. 1. Oh Dios, los gentiles han invadido tu heredad. Es con un grito de asombro ante la intrusión sacrílega; como si el poeta estuviera horrorizado.

Han profanado tu santo templo. Es algo terrible cuando los inicuos se hallan en la iglesia y dentro del mismo ministerio.

Redujeron a Jerusalén a escombros. Es triste ver al enemigo en nuestra propia casa, pero peor es hallarlo en la casa de Dios; el golpe más terrible que se da a nuestra religión. C. H. S.

Vers. 1-4. En la destrucción final y más terrible, cuando las águilas romanas se habían juntado alrededor de la ciudad condenada y el templo, del cual Dios había dicho: «Vayámonos de aquí»; cuando no había de quedar una piedra sobre otra; cuando el fuego había de consumir el santuario y los cimientos de Sión serían pasados bajo el arado; cuando Jerusalén había de quedar llena de sus muertos y los hijos de Judá serían crucificados alrededor de sus muros en tales números que no quedaba lugar para más cruces; cuando los insultos, el oprobio y el escarnio eran la porción del hijo de Israel, y se vio expulsado como un paria, fugitivo de país en país; cuando toda esta amargura cayó sobre Jerusalén, fue como castigo de sus muchos e inveterados crímenes; fue el cumplimiento de una advertencia que se le había hecho con frecuencia pero en vano. Sí, terribles fueron los enemigos que te asaltaron, oh Jerusalén, pero ¡tus pecados eran más terribles todavía! Plain Commentary

Vers. 1, 4, 5. Entrando en la parte habitada de la antigua ciudad, y cruzando por algunas callejas tortuosas y sucias, de repente me hallé, al doblar una esquina, en un lugar de singular interés: el «muro de las lamentaciones de los judíos». Ancianos pálidos, ojerosos, gastados, vacilando, apoyados en sus bastones de peregrino; y niñas pequeñas, de rostro blanco y ojos negros como azabache, mirando pensativas, a veces a sus padres, otras al muro. Algunos estaban de rodillas recitando tristemente de un libro de oraciones en hebreo, con el cuerpo oscilando de un lado a otro; algunos postrados en el suelo, apretando la frente y los labios en la tierra; algunos cerca de la pared, enterrando el rostro en las rendijas y grietas de las viejas piedras; otros besándolas; algunos con los brazos extendidos como si quisieran abrazarlas en su pecho; algunos bañándolas de lágrimas, y todos sollozando como si sus corazones estuvieran a punto de estallar. Era un espectáculo triste y conmovedor.

Dieciocho siglos de exilio y dolor no habían adormecido los afectos de sus corazones o amortiguado sus sentimientos de devoción. Aquí los vemos reunidos desde todos los confinas de la tierra (pobres, despreciados, oprimidos) entre las desolaciones de su patria, entre las ruinas deshonradas de su antiguo santuario, rezando, cantando, en tonos de profunda emoción, los ayes y palabras proféticas del antiguo Salmista: «¡Oh Dios, los paganos han invadido tu heredad; han profanado tu santo templo... Hemos pasado a ser reproche para nuestros prójimos, escarnio e irrisión de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?» J. L. Porter, en Las ciudades gigantescas de Basán

Vers. 2, 3. (El siguiente extracto es de los escritos de un monje piadoso, que aplica el lenguaje del Salmo a las persecuciones del tiempo. Escribió en Roma durante el período de la Reforma, y evidentemente simpatizaba con el Evangelio.) En aquel tiempo, ¿qué río o qué arroyo había en nuestra Europa afligida que no fluyera con sangre de los cristianos? ¿Has visto nunca un espectáculo tan horrible? Han amontonado los cuerpos muertos de tus siervos para que los devoren las aves de presa; los restos sin enterrar de tus santos, digo, han sido echados a las fieras de la tierra. ¿Qué mayor crueldad podrían haber cometido? Tan grande era la efusión de sangre humana en aquel tiempo que los arroyos, si, y aun los ríos alrededor del circuito de la ciudad, fluían con sangre. Giambattista Foleng

Vers. 3. Y no hubo quién los enterrase. ¿Ha llegado a esto, que no hay ninguno que entierre los muertos de tu familia, oh Señor? ¿No puede nadie ofrecer unas paladas de tierra con que cubrir los cuerpos de tus santos asesinados? ¡Qué contentos hemos de estar que nosotros vivimos en una época en que las trompetas no se oyen en nuestras calles!

Vers. 4. Escarnecidos y burlados de los que están en nuestros alrededores. El hallar alegría en la miseria de otros y el exultar sobre los males de otros es sólo digno del diablo y de los suyos. C. H. S.

Esto era peor aún que los azotes y las heridas dice Crisóstomo, porque éstos eran infligidos sobre el cuerpo, por lo que quedan repartidos entre el cuerpo y el alma, pero el escarnio y el oprobio hieren sólo al alma. Habet quendam aculeum contumelia: dejan un aguijón detrás, como observó Cicerón. John Trapp

Vers. 6. Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen, y sobre los reinos que no invocan tu nombre. El descuido de la oración por los no creyentes es amenazado con un castigo. La imprecación del profeta es la misma, en cuanto a efecto, que una amenaza (ver Jeremías 10:25) y la misma imprecación (Salmo 79:6). Los profetas no habrían usado una imprecación así contra los que no invocan a Dios, salvo que su descuido en invocar su nombre les haga culpables ante su ira; y no hay descuido que haga más culpable al hombre de la ira de Dios que el descuido del deber. David Clarkson

Vers. 8. No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados. Los pecados se acumulan contra las naciones. Las generaciones acumulan transgresiones para ser visitadas en los sucesores; de ahí esta urgente oración. En los días de Josías, el arrepentimiento más sincero no pudo evitar la sentencia que los largos años de idolatría habían sellado contra Judá. C. H. S.

Los judíos tienen un dicho según el cual no hay castigo que le ocurra a Israel en que no haya una onza de culpa por el pecado del becerro; lo cual significa que es éste siempre recordado y visitado según Exodo 32:34; la frase puede incluir todos los pecados de las personas anteriores, sus antecesores, y de los tiempos antiguos, de edad en edad, en que han continuado, que han traído la ruina sobre ellos; y todos sus propios pecados de naturaleza y de juventud, desde el pasado hasta el tiempo presente. John Gill

Las antiguas deudas son las que más afligen; la demora en el pago aumenta el interés; y la necesidad de devolución, pudiendo ser inesperada, hace que la persona no esté preparada para la misma. Consideramos las antiguas llagas, que reaparecen como incurables. Augusto se preguntaba si la almohada de una persona que debía mucho dinero, pero que dormía muy sosegada, tenía alguna virtud especial que daba seguridad al durmiente, y dio orden de que se la trajeran. Elias Pledger en Ejercicios matutinos

Vers. 9. Dios de nuestra salvación. Si la razón humana tuviera que juzgar de los muchos y grandes golpes con los cuales Dios ha herido y vapuleado a su pueblo, llamaría a Dios, no el Salvador del pueblo, sino su destructor y opresor. Pero la fe del profeta juzga de otra manera y ve incluso en un Dios airado y severo al Dios de salvación de su pueblo.

Los dioses de las naciones, aunque no afligen en las cosas temporales, no son dioses de salvación para sus adoradores, sino de perdición. Pero nuestro Dios, incluso cuando está más airado y hiere, no es un Dios de destrucción, sino de salvación. Musculus

Líbranos, y perdona nuestro pecados por amor de tu nombre. Aquí el pecado, la raíz del mal, queda visto y confesado; el perdón del pecado, así como la supresión del casfigo, no son pedidos como cosas de derecho, sino como dones de la gracia. El nombre de Dios es traído por segunda vez en la súplica. Los creyentes hallarán en su sabiduría que es sabio un uso frecuente de esta noble apelación; es un cañón de gran calibre en la batalla, el alma más poderosa en la panoplia de la oración. C. H. S.

Dios es libre de escoger lo que se acomoda a su corazón y que sea más conducente a la exaltación de su gran nombre; y se deleita más en la misericordia que muestra a uno que en la sangre de todos los condenados que hacen un sacrificio a su justicia. Y, verdaderamente, tenía un objetivo más alto en su condenación que el que sufrieran; y éste era el hacer resaltar la gloria de su misericordia en los que son salvos. William Gurnall

Vers. 11. Llegue delante de Ti el gemido de los cautivos. Cuando el cautivo mira por entre las barras de hierro que noche y día son centinelas mudos a la ventana de su celda, y cuando sus ojos caen sobre los campos y bosques lejanos, suspira y aparta la vista de lo que ve. No dice una palabra, pero desea. Este suspiro es el deseo de ser puesto en libertad.

Y Dios oye muchos suspiros de esta clase. Nuestros anhelos cuando no tienen cumplimiento, los pensamientos tristes: «¡Oh, cuándo seré librado de la carga de mi pecado y la frialdad de mi corazón!»; todos estos deseos eran sus suspiros, y han sido oídos arriba. Philip Bennet Power

Conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte. Los hombres y los demonios pueden consignarnos para perdición, en tanto que la enfermedad nos arrastra a la tumba y la aflicción nos hunde en el polvo; pero hay Uno que mantiene nuestra alma en vida, sí, y la levanta de las profundidades del abatimiento. Un cordero puede vivir entre las mandíbulas de un león si el Señor así lo desea. Incluso en el osario la vida vence a la muerte si Dios está cerca. C. H. S.

¿No deberían las personas piadosas imitar más de cerca a su Padre celestial en el cuidado de los que están condenados a morir? Una señora cristiana tiene una lista de todos los que han sido condenados a muerte, siempre que hayan llegado los nombres a sus oídos, y ora por ellos cada día hasta que llega su fin. ¿No está esta conducta en conformidad con el corazón de Dios? William S. Plumer

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SALMO 78

SALMO 78

C.H. SPURGEON

Vers. 1. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Cuando Dios da lengua a su verdad y envía a sus mensajeros entrenados para declarar su palabra con poder, lo menos que podemos hacer es prestarle oído y sincera obediencia en nuestro corazón. Como el oficial de un ejército comienza su ejercicio llamando a la «atención», así también todo soldado entrenado de Cristo es llamado a prestar oído a sus palabras. Los hombres escuchan la música; cuánto más han de escuchar las armonías del evangelio; escuchan arrobados en presencia de un orador; ¡cuánto más debería prestar atención a la elocuencia del cielo! C. H. S.
El inclinar los oídos no denota una forma corriente de escuchar, sino la forma en que el discípulo atiende a su maestro, con sumisión y reverencia en su mente, silencioso y ávido, para que, sea cual sea el propósito de la instrucción, pueda ser oído y entendido debidamente y no se escape nada.
Es un oyente de una clase distinta el que escucha descuidado, sin el propósito de aprender o imitar, sino para criticar, divertirse, dar suelta a la hostilidad o pasar el tiempo. Musculus
Vers. 2. Abriré mi boca en parábolas; evocaré los arcanos del pasado. La mente del poeta-profeta estaba llena de historias antiguas que él presentaba en una serie copiosa de cantos, y entre el torrente de palabras había perlas y gemas de verdad espiritual capaces de enriquecer a los que podían buscarlas entre la profundidad de la corriente y sacarlas a la superficie.
La letra de este cántico es preciosa, pero su sentido interior es inapreciable. En tanto que el primer versículo es para llamar la atención, el segundo justifica la demanda al indicar que el sentido externo esconde un significado interior escondido, que sólo la persona reflexiva puede captar. C. H. S.
Vers. 4. Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo. No nos atrevemos a seguir las tradiciones vanas y supersticiosas de la Iglesia apóstata de Roma, ni quisiéramos comparar el registro falible de los mejores recuerdos humanos con la Palabra de Dios escrita infalible, pero nos gustaría ver la tradición oral practicada por cada cristiano en su familia, y los hijos aprendiendo por transmisión oral de sus padres y madres, así como de las páginas impresas que ellos, con demasiada frecuencia, consideran libros aburridos y resecos. Qué horas más felices y agradables podrían pasar los hijos, al atardecer, sentados en las rodillas de sus padres, escuchando la «antigua historia». Lector, si tienes hijos, no dejes incumplido este deber. C. H. S.
Vers. 4-6. El paño teñido en crudo conserva mejor el color. Los discípulos en la juventud resultan ángeles en la edad adulta. El uso y la experiencia refuerzan y confirman toda clase de arte y ciencia. Cuanto más tiempo ha sido criado tu hijo en la escuela de Cristo, más capaz será de resistir las estratagemas y falacias de Satanás, y evitarías. Cuanto más ha estado aprendiendo este oficio, más habilidad y deleite tendrá al adorar y gozarse del bendito Dios. El árbol, cuando es maduro, resiste bien el viento, justo en la forma en que se hizo rígido el tronco cuando era joven.
Los hijos de Merindal contestaron de tal forma en cuestiones de religión ante el obispo de Cavailon que los perseguía, que uno presente dijo al obispo: «He de confesar que he estado presente en disputas de doctores de la Sorbona, pero nunca he aprendido tanto como de estos niños.» Siete niños a la vez sufrieron el martirio con Sinfrosia, una matrona piadosa: su madre. Esta es la bendición que con frecuencia acompaña la crianza religiosa; por tanto, Juliano el apóstata, para impedir el crecimiento del cristianismo, no permitía que los niños aprendieran enseñanza humana o divina.
Filipo de Macedonia estaba contento de que Alejandro hubiera nacido en tanto que vivía Aristóteles, para que pudiera ser instruido por él en su filosofía. No es una misericordia pequeña el que tus hijos hayan nacido en los días del evangelio, y en un valle de visión, una tierra de luz, donde pueden ser instruidos en el cristianismo. ¡Oh, no falles, pues, en familiarizar a tus hijos con la naturaleza de Dios, las naturalezas y oficios de Cristo, su propia pecaminosidad natural y su miseria, el camino y el medio de su recuperación, el fin y objeto por el cual fueron enviados al mundo, la necesidad de regeneración y vida santa, si es que han de escapar de la muerte eterna! ¡Ay!, ¿cómo es posible que puedan nunca llegar al cielo si no sáben el camino? George Swinnock
Vers. 8. Y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde. No había oportunidad para mejora. Los padres obstinados en sus caminos y rebeldes contra el camino de Dios son tristes ejemplos para los hijos; y es de desear que una mejor instrucción pueda traer una raza mejor. Es común en algunas regiones que los hombres consideren las costumbres familiares como la mejor regla de crianza; pero la desobediencia no tiene que ser disculpada por el hecho de ser hereditaria. La lepra no deja de ser repulsiva porque se halla en la familia desde hace mucho tiempo.
Vers. 14. Y toda la noche con resplandor de fuego. Tan constante era el cuidado del Gran Pastor, que noche y día había la prueba de su presencia ante el pueblo. La nube que era sombra de día, era luz de noche. Lo mismo es la gracia que calma nuestros goces, alivia y es solaz para nuestras penas. ¡Que misericordia tener una luz de fuego con nosotros, entre los horrores desoladores del desierto de la aflicción! Nuestro Dios ha sido todo esto para nosotros, y ¿vamos nosotros a mostramos infieles a El?. Hemos sentido la sombra y la luz según nuestras circunstancias cambiantes han requerido.
«Ha sido nuestro gozo en la aspereza,
Alegró el corazón cuando sufría,
Y con suaves avisos y consejos
Calmado el corazón en la alegría.
—C. H. S.
Vers. 16. Pues sacó de la peña arroyos, e hizo correr las aguas como ríos. La provisión de agua fue tan abundante en cantidad como milagrosa en su origen. Raudales, no un goteo, fueron lo que salió de la roca. Corrientes que cruzaron el campamento; la provisión no duró simplemente una hora o un día. Esto fue una maravilla de bondad.
Si consideramos la abundancia de la gracia divina, nos quedaremos asombrados. Ríos caudalosos de amor han fluido para nosotros en el desierto. ¡Ay, gran Dios!, lo que hemos devuelto no ha sido conmensurado con ello ni muchísimo menos. C. H. S.
«Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.» La segunda murmuración por causa del agua en Cades parece que fue un acto de rebelión más grave que la primera, y, con todo, el agua salió en mayor abundancia. ¡Oh abundancia de la gracia soberana y gratuita de Dios! W. Wilson
Vers. 17. Pero, aún volvieron a pecar contra Él. Era bastante malo el desconfiar de que Dios proveyera lo necesario, pero el rebelarse contra El en avidez codiciosa por cosas superfluas fue mucho peor. Siempre está en la naturaleza de la enfermedad del pecado el ir de mal en peor; los hombres nunca se cansan de pecar, sino que aumentan su intensidad en su carrera en pos de la iniquidad. C. H. S.
No dice que pecaron solamente, sino que pecaron contra Dios. Y pecaron aún más contra El, a saber: Dios. ¿Contra qué Dios? Contra el que los había librado mediante maravillas grandes e inauditas en Egipto, que los había conducido como hombres libres a través del mar Rojo a pie seco, que siguió guiándoles y protegiéndoles con columnas de humo y de fuego de día y de noche y les había provisto agua para beber en abundancia sacada de la dura peña.
Contra este Dios ellos habían añadido pecado tras pecado. El pecar es simplemente humano, y les ocurre a los santos incluso después de haber recibido la gracia; pero el pecar contra Dios significa un grado singular de impiedad. Musculus
Vers. 18. Pues tentaron a Dios en su corazón. Dios no fue tentado porque no puede serlo por nadie, pero ellos actuaron a propósito para tentarle, y siempre es justo poner a cargo de los hombres lo que es una tendencia evidente de su conducta.
Cristo no puede morir de nuevo, y, pese a ello, muchos le crucifican otra vez, porque éste sería el resultado legítimo de su comportamiento si sus efectos no fueran impedidos por otras fuerzas. Los pecadores en el desierto querían que el Señor cambiara sus sabios procedimientos para ajustarse a los caprichos de ellos, y es por esto que se dice que le tentaron. C. H. S.
Pidiendo una comida a su gusto. Dios les había dado alimento para el hambre en el maná, sano, agradable y abundante; les había dado alimento para su fe, de la cabeza del Leviatán, cuando lo hizo pedazos (Salmos 74:14). Pero esto no bastaba, ellos querían «carne» en conformidad con sus gustos; golosinas con que satisfacer su caprichoso apetito. No hay nada que provoque más a Dios que nuestras quejas de lo que nos ha correspondido, y la indulgencia de los deseos de la carne. Matthew Henry
Vers. 19. Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto? Hay que observar de modo particular que el pecado del que eran culpables los hijos de Israel en esta ocasión no era desear pan y agua, sino pensar, aunque fuera un momento, que después de que el Señor los había sacado de Egipto, permitiría que les faltara algo necesario y por ello no llegarían a Canaán. No era un pecado el tener hambre o sed; esto era una necesidad natural.
No hay nada vivo que no requiera alimento; cuando no lo deseamos es que estamos muertos, y el que lo desearan no era un pecado. Su pecado consistía en dudar, o bien de que Dios pudiera o quisiera sostenerlos en el desierto, o que permitiera que los que seguían su dirección carecieran de algo necesario. Esto era su pecado. Era el mismo pecado de los cristianos de hoy. Estos israelitas necesitaban provisión de alimento diario para sus cuerpos, y lo mismo los cristianos hoy para su alma. El no necesitarlo es una señal de muerte, y el alma viviente pronto moriría sin este alimento.
Así que, lejos de ser un pecado, nuestro Señor ha declarado que bienaventurado es el que tiene hambre y sed de justicia; añadiendo la más preciosa promesa, que los tales serán satisfechos. Pero es un pecado, y un gran pecado, en caso de que esta provisión no sea visible a los sentidos de modo inmediato, el murmurar y el temer. Fue para probar su fe que estas cosas ocurrieron a los israelitas, como las pruebas de todos los cristianos en todas las edades; y es «después de haber sufrido un tiempo» que podemos esperar ser corroborados y satisfechos. Brownlow North en Nosotros mismos; un cuadro bosquejado de la historia de los hijos de Israel
Vers. 19, 20. Después de su experiencia ellos dudaron de la omnipotencia divina, como si pudiera ser considerada como nada caso de que se negara a satisfacer sus deseos camales. La incredulidad está tan arraigada en el corazón humano que cuando el Señor ejecuta milagros en la tierra la incredulidad duda si puede realizarlos en el cielo, y cuando los hace en el cielo, de si puede hacerlos en la tierra. Augustus F. Tholuck
Vers. 20. ¿Podrá dar también pan? ¿Quién dirá que un hombre es agradecido a su amigo por una bondad pasada, si alberga una opinión desfavorable sobre él en el futuro? Esto fue lo que el ingrato Israel devolvió a Dios por el hecho milagroso de hacer brotar agua de la peña para apagar su sed: «He aquí ha herido la peña». ¿Podrá también dar pan?
Oh, qué triste es esto: que después que Dios ha satisfecho al alma a su mesa con una variedad de misericordias y liberaciones, se hayan usado tan mal que no haya quedado un bocado para la fe, para evitar que el corazón desmaye cuando Dios no llega tan rápidamente con su liberación según lo deseamos. El hombre más agradecido es el que atesora las misericordias de Dios en su mente, y puede alimentar su fe con lo que Dios ha hecho por él, de modo que sea corroborado con ellas en sus apuros presentes. William Gurnall
Vers. 22. Por cuanto no habían creído a Dios, ni habían confiado en su salvación. Este es el pecado principal, el que dama más alto. Como Jeroboam, el hijo de Nebat, pecó e hizo pecar a Israel; es un mal en sí mismo y padre de males. Fue este pecado el que impidió que Israel entrara en Canaán, y que cierre la puerta del cielo a miles de millones. Dios está dispuesto a salvar, combinando su poder con su buena voluntad, pero el hombre rebelde no quiere confiar en su Salvador y por ello se condena.
En el texto parece como si todos los demás pecados de Israel fueran insignificantes comparados con éste; éste es el punto peculiar que el Señor nos señala, la provocación especial que fue causa de su ira. De ello todo no creyente puede aprender a temblar más a causa de su incredulidad que ante ninguna otra cosa. Si no es fornicario, o ladrón, o mentiroso, que reflexione que basta para condenarle el que no confíe en la salvación de Dios.
Vers. 24. E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen. Había tanto, que los cielos dejaban caer alimento, y las nubes reventaban por lo repletas. Era comida apropiada, no ya para la vista, pero sí para la nutrición; podían comerlo tan pronto como lo recogían. Aunque fuera misterioso, de modo que lo llamaron maná, o sea, «¿qué es eso»?, con todo, era en gran manera apto para nutrir el cuerpo; y ¡además de ser abundante, era fácilmente asequible! No tenían que ir lejos a buscarlo, bastaba con que lo recogieran allí mismo.
¡Oh Señor Jesús, bendito maná del cielo, cómo está todo esto de acuerdo contigo! Ahora mismo nos alimentaremos de Ti como nuestra carne espiritual y oraremos a Ti para que ahuyentes la malvada incredulidad de nosotros. Nuestros padres comieron maná y dudaron; nosotros nos alimentamos de Ti y recibimos seguridad. C. H. S.
Vers. 27. E hizo llover sobre ellos carne como polvo. Primero llovió pan y luego carne, cuando debería haber caído fuego y azufre. Las palabras indican rapidez y abundancia en las codornices que descendían. C. H. S.
Como arena del mar, aves volátiles. No había manera de contarlas. Por una providencia notable, si no por un milagro, inmensas cantidades de aves migratorias descendieron entre las tiendas de las tribus. Fue, sin embargo, una bendición dudosa, como suelen serlo las riquezas fácilmente adquiridas y superabundantes. El Señor nos salve de carne sazonada con la ira divina. C. H. S.
Vers. 30. Aún no habían quitado de sí su anhelo. Esto implica que todavía ardían en su deseo carnal. Si se objeta que esto no está de acuerdo con la frase anterior, en que dice: «Comieron, y se saciaron; y se cumplió, pues, su deseo», contestaremos que si, como sabemos muy bien, la mente de los hombres no es mantenida dentro de los limites de la razón y la templanza, se vuelve insaciable; y, por ello, una gran abundancia no va a extinguir el fuego de un apetito corrupto. Juan Calvino
Considera que hay más satisfacción real en mortificar la concupiscencia que en hacer provisión para ella o satisfacerla; hay más placer verdadero en contradecir y frustrar nuestra carne que en gratificaría; si hubiera algún placer verdadero en el pecado, el infierno no sería infierno, porque cuanto más pecado, más gozo. No podrás satisfacer un deseo camal aunque hagas todo lo que puedas y te conviertas en un esclavo del mismo; crees que si tuvieras el deseo de tu corazón tendrías descanso:. te equivocas mucho; ellos lo tuvieron. Alexander Carmichael
Vers. 31. Hizo morir a los más robustos de ellos. Fueron cebados como ovejas para el matadero. El carnicero escoge los más engordados. Podemos suponer que había muchos israelitas piadosos y contentos que comieron codornices con moderación y que nunca se sintieron mal; porque no era que la carne estuviera emponzoñada, sino su propia gula. Que los epicuros y sensuales lean aquí su destino; los que hacen un dios de su vientre, terminan en la destrucción (Filipenses 3:19). Matthew Henry
Vers. 31, 34. Nadie es tan prodigiosamente malvado como el que se ceba de placeres carnales. Son respecto a los inicuos como es el estiércol y la basura para los cerdos, que se engordan en ella; sus corazones son engrosados; sus conciencias quedan romas y sin sensibilidad; por el contrario, las consolaciones y deleites que Dios da al alma santificada se vuelven nutrición espiritual para sus gracias y ponen a éstas en ejercicio. William Gurnall
Vers. 32. Con todo esto, pecaron aún, y no dieron crédito a sus maravillas. La continuidad en el pecado y la incredulidad van juntas. Si hubieran creído no habrían pecado, si hubieran sido cegados por el pecado no habrían creído. Hay una acción refleja entre la fe y el carácter. ¿Cómo puede creer el que ama el pecado? ¿Cómo, por otra parte, puede el no creyente dejar de pecar? Los caminos de Dios con nosotros en la providencia son en sí mismos poderosos para reargüir y convertir, pero la naturaleza no renovada rehúsa las dos cosas y no se deja reargüir ni convertir por ellas. C. H. S.
«Los hombres no siempre están dispuestos a dejarse redargüir.» No es que les falte evidencia, sino que no tienen la disposición apropiada y esto les priva de que crean en Dios. William S. Plumer
La experiencia debería reforzar la fe; pero tiene que estar la fe presente para usar la experiencia. J. N. Darby
Vers. 33. Y sus años en tribulación. Las marchas pesadas eran una tribulación para ellos y el no llegar a un lugar de reposo lo agravaba. Por el camino que siguió Israel dejaron innumerables tumbas, y si uno pregunta: «¿Quién los mató?», la respuesta es: «No pudieron entrar a causa de su incredulidad.» Indudablemente, gran parte de la aflicción y fallo de muchas vidas resultó del hecho de que habían sido minados por la incredulidad y las malas pasiones. Nadie vive de un modo tan infructuoso y desgraciado como los que permiten que los sentidos y la vista supediten a la fe y a la razón, y el apetito domine sobre el temor de Dios. Nuestros días pasan rápidos según el ordinario curso del tiempo, pero el Señor puede hacer que transcurran más rápidamente, hasta que sintamos que la aflicción nos está devorando las entrañas y como un cáncer devora nuestra existencia. Éste fue el castigo del Israel rebelde, y no permita el Señor que sea el nuestro. C. H. S.
Vers. 34. Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios. Como un perrito al que han azotado lame los pies de su amo. Obedecían sólo cuando sentían el látigo sobre sus lomos. Duros han de ser los corazones a los cuales sólo puede hacer mover la muerte. Cuando morían a su alrededor a millares, el pueblo de Israel de repente se volvía religioso y se dirigía a la puerta del tabernáculo como ovejas que corren todas juntas cuando el perro les persigue, pero vuelven a esparcirse y va cada cual por su lado cuando el pastor lo llama.
Vers. 35. Y se acordaban de que Dios era su refugio, y el Dios Altísimo su redentor. ¡Ay, pobre hombre, cuán dispuesto estás a olvidar a Dios! ¡Qué vergüenza, ingrato gusano, no tener sentido de los favores a los pocos días de haberlos recibido! ¿No hay nada que pueda grabar en tu memoria la misericordia de tu Dios excepto el que te sea retirada de modo completo? C. H. S.
Vers. 36. Pero le lisonjeaban con su boca. En el mejor de los casos eran malos. Falsos en sus rodillas, mentirosos en sus oraciones. El culto de boca ha de ser muy detestable a Dios cuando está disociado del corazón; otros reyes aman los halagos, pero el Rey de reyes los aborrece.
Como las aflicciones más agudas sólo extraen del hombre camal una sumisión a Dios fingida, hay prueba positiva de que el corazón está incrustado decisivamente en la maldad, y que el pecado ha pasado a formar parte de nuestra misma naturaleza. El azotar a un tigre no le hace volver una oveja. El diablo no puede ser cambiado en una naturaleza humana con azotes, sino en otro diablo, a saber: con los azotes se le injerta la hipocresía. La piedad producida por la humedad de la aflicción y el calor del terror da lugar a un crecimiento de hongos; es rápido en su aparición: «inquirían acerca de Dios», pero es un hongo meramente insustancial, de excitación pasajera. C. H. S.
Pero ¿podían halagar a Dios? El hombre es halagado cuando se le adscribe lo que no ha hecho o lo que no es, o cuando es aplaudido por lo que tiene en demasía respecto a su valor. Dios no puede ser halagado de esta manera: está tanto más allá de los halagos, cuanto lo está de los sufrimientos.
Los judíos, pues, se dice que halagaban a Dios, no porque le aplaudían con discursos más de lo merecido, sino porque con discursos esperaban impedir lo que merecían; o halagaban a, Dios, con sus propias promesas, no con sus alabanzas. Pecaron contra El, y El les dio muerte; y cuando la espada los encontraba, ellos buscaban a Dios; se arrastraban a sus pies; venían con cuerdas alrededor del cuello, confesando que merecían la muerte, pero suplicaban humildemente la vida; y si Dios volvía a envainar la espada y no los castigaba, ¡oh!, cuán santa sería su conducta y su conversación.
Así, «halagaban a Dios con su boca, pero sus corazones no eran rectos con El»; había grandes ostentaciones de arrepentimiento y de volverse a Dios, pero no lo decían en serio, todo ello eran halagos. Tampoco podía halagársele así. Tal como no puede halagársele con excesiva alabanza, tampoco se le honra indebidamente mostrando respeto excesivo. Joseph Caryl
Y con su lengua le mentían. Sus palabras piadosas eran hipocresía, su alabanza viento, su oración un fraude. Su arrepentimiento a flor de piel era una película demasiado delgada para esconder la herida mortal del pecado. Esto nos enseña a poner poca confianza en las declaraciones de arrepentimiento que hacen los moribundos, o las de otros hechas a base del terror evidente del esclavo y nada más. Cualquier ladrón va a gemir su arrepentimiento si cree que el juez será conmovido por la escena y le soltará. C. H. S.
El corazón es el metal de la campana, la lengua es sólo el badajo; cuando el metal de la campana es bueno (como la plata) el sonido será bueno; si el metal de la campana tiene una raja o es plomo, el sonido lo distinguirá todo oído que discrimine.
Dios puede ver las enfermedades y manchas del corazón debajo de la lengua. Tal como Jacob dijo a su madre: «Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición.» GEORGE Swlnnock
Vers. 36-38. Si Dios no deja sin recompensa incluso al que finge contrición, ¿cómo va a dejar sin recompensa la penitencia real? Si muchas veces El se apartaba con ira de los que le halagaban con su boca y mentían con su lengua, ¿cómo no va a tener reservado nada para el que es humilde en espíritu y que acude a El con el sacrificio de un corazón quebrantado? ¡Oh, el apartar temporalmente la ira porque los ídolos eran exteriormente abandonados, es una segura garantía de que la ira eterna puede ser desviada si nos sentimos verdaderamente compungidos y acudimos a refugiarnos en el Salvador! Dios ha de tener bienes eternos almacenados para sus amigos aun si sus enemigos son recompensados con un bien temporal.
Sí, cuando noto que los filisteos y los amonitas oprimen a los israelitas idólatras, y luego veo que los opresores son rechazados a su vez después de prestado su servicio, en seguida me doy cuenta de que la verdadera penitencia por el pecado y la verdadera fe en el sacrificio de Jesucristo harán que todos nuestros enemigos sean esparcidos; vuelvo después de contemplar a un pueblo que recae en el pecado, pero que está emancipado a pesar de lo superficial de sus votos, y vuelvo asegurado de que la porción de todos los que buscan liberación por medio de Cristo será un reino que ni los filisteos ni los amonitas pueden invadir. Henry Melvill
Vers. 37. Pues sus corazones no eran rectos con ÉL No había profundidad en su arrepentimiento; no era la obra del corazón. Eran variables como una veleta de campanario, todo viento los hacía girar; su mente no estaba establecida en Dios.
Ni se mantuvieron firmes en su pacto. Sus promesas eran quebrantadas al poco de ser hechas, como si solamente fuera una farsa. Las buenas resoluciones sólo permanecían en su corazón como los viajeros en las posadas: unas horas, y se despedían. Ardientes hoy hacia la santidad; fríos mañana. Variables como los matices del delfín, cambiaban de la reverencia a la rebelión, del agradecimiento a la murmuración. Un día daban su oro para la construcción de un tabernáculo para Jehová, y el siguiente se quitaba los pendientes y anillos para hacer un becerro de oro. Sin duda, el corazón es un camaleón. Como en la calentura terciana, caliente y frío, esto es lo que hacen las naturalezas inconstantes en su religión. C. H. S.
Vers. 41. Y provocaban al Santo de Israel («limitaban», en la versión del autor). Dudaban de su poder y con ello le provocaban, le limitaban, y lo mismo respecto a su sabiduría. Marcar un curso a seguir a Dios es una impiedad arrogante. El Santo hace las cosas bien, el Dios del pacto es veraz; es blasfemia decirle que ha de hacer esto o aquello, pues si lo haces no le prestarás culto de adoración. El Dios omnipotente no puede ser manipulado. Él es el Señor, y hará lo que bien le pareciere. C. H. S.
Aquí, pues, hay una acusación terrible, y nos parece en realidad misteriosa. Cuán espantoso es que el hombre, un gusano, se arrogue el derecho de decirle a su Hacedor: «Hasta aquí irás, pero no más.» ¡Asombroso, digo, el pretender medir las dimensiones y operaciones de la Deidad! ¡Asombrosa insolencia el trazar una línea más allá de la cual no debe pasar el Legislador de la naturaleza el camino de su providencia! Torpeza inmensa.
Pero sabemos, amigos míos, que el crimen no es raro; y uno de los resultados naturales del pecado parece ser éste: que el espíritu pecaminoso, tanto si es de un hombre o de un arcángel perdido, incapaz de sacudir los cimientos firmes del trono eterno, divierte su malignidad y busca un cese temporal de sus preocupaciones poniendo barreras en las fronteras del imperio del Todopoderoso, esperando vanamente incomodar al que está sentado en el trono, a quien no puede perturbar. E. Paxton Hood
Limitado. Esta palabra ocurre sólo en otro lugar en el hebreo: Esdras 9:4, y significa poner una marca sobre una persona, sentido que algunos aplican aquí, figurativamente, como estigmatizar, insultar o provocar. Joseph Addison Alexander
Vers. 42. No se acordaron de su mano, del día que los redimió de la angustia. Por haber olvidado Israel la primera liberación, siguieron decididos por el camino del mal. Debido a que el cristiano a veces se para antes de la cruz en sus conflictos espirituales, falla en derrotar al enemigo y permanece sin fruto y sin dicha hasta que por medio de alguna intervención especial del gran Restaurador es puesto de nuevo, en espíritu, en el lugar en que Dios le encontró por primera vez y le dio la bienvenida en Jesús en la plenitud del perdón y la paz. Ninguna experiencia intermedia, por auténtico que sea su carácter, puede cubrir este caso.
Solamente en la cruz podemos recobrar la rectitud mental y la integridad respecto a nosotros mismos, así como respecto a Dios. Si queremos glorificarle, hemos de «retener firme hasta el fin el principio de nuestra seguridad» (Hebreos 3:14). Arthur Pridhan
Pan comido, pronto olvidado. No hay nada que se pase tan pronto como un favor. John Trapp
Vers. 43-51. Moisés obró maravillas destructivas, Cristo maravillas de preservación: transformó el agua en sangre, Cristo el agua en vino; Moisés trajo moscas y ranas, langostas y orugas, destruyó los frutos de la tierra y causó molestias; Cristo aumentó estos frutos: cinco panes y unos pocos pececillos, bendecidos por Él, alimentaron a cinco mil hombres; Moisés hirió a hombres y ganado con granizo, truenos y relámpagos, a causa de los cuales murieron; Cristo dio vida a algunos que habían muerto y salvó de la muerte a los enfermos.
Moisés fue instrumento para traer toda clase de furor y ángeles malos entre ellos, Cristo echó demonios e hizo toda clase de bienes, dando vista a los ciegos, oído a los sordos, habla a los mudos, piernas a los cojos y limpiado a los leprosos, y cuando el mar amenazaba hacer naufragar la barca, fue calmado; Moisés mató a los primogénitos, causando horrible estrago en Egipto; Cristo salvó a todos los primogénitos o, al salvar, los hace tales, según leemos en Hebreos 12:23. John Mayer
Vers. 44. Y convirtió sus nos en sangre. Las aguas habían sido el medio de destrucción de los recién nacidos israelitas, y ahora se avergüenzan del hecho y lo vengan en los asesinos. El Nilo era la vida de Egipto, su verdadera sangre de vida, pero por orden de Dios pasó a ser una maldición; cada gota era de horror, veneno para beber y horror para mirar.
Para que no pudiesen beber en sus canales. Las corrientes menores participaron del curso, los estanques y los canales sintieron el mal; Dios no hace las cosas a medias. Todo Egipto se enorgullecía de las dulces aguas de su río, pero ahora han pasado a ser aborrecibles. Nuestras misericordias pueden transformarse en nuestras miserias si el Señor nos trata con ira. C. H. S.
Consideraban al río no sólo como consagrado a una deidad, sino que, si hemos de creer a algunos autores, era el principal dios nacional, y lo adoraban en consecuencia.
Tienen que haber sentido asombro y horror al contemplar la corriente sagrada cambiada y contaminada, y la divinidad a la que adoraban vergonzosamente ensuciada. Y estas apariencias tienen que haber producido un efecto saludable sobre los israelitas, ya que les advertían de no acceder a esta especie de idolatría, sino verla con desprecio y aborrecimiento. Hay que observar que Dios puede, si es su placer divino, tener muchas maneras de contaminar las corrientes de Egipto. Pero El consideró apropiado transformarlo en sangre.
Ahora bien, los egipcios, y especialmente sus sacerdotes, eran muy particulares en su hábito externo y sus ritos; no había nada que aborrecieran más que la sangre, y raramente admitían sacrificios de sangre; la menor mancha de sangre significaba para ellos una contaminación extrema. Su afectación de pureza era tan grande que no podían tolerar el ponerse en contacto con un extranjero, ni manejar sus vestidos, pero el tocar un cuerpo muerto era una abominación y requería una expiación inmediata.
Por ello sus sacerdotes estaban haciendo abluciones continuamente. Debían hacerlas dos veces durante el día y dos durante la noche, y entonces tenían que bañarse. Se puede comprender lo que significaría que «había sangre por toda la tierra de Egipto» (Éxodo 7:21). Jacob Bryant, en «Observaciones sobre las plagas infligidas a los egipcios.»
Vers. 45 Y ranas que los destruían. Cuánta no es la grandeza de Dios, que en minutos puede aplastar a los poderosos. Un enjambre de esas criaturas repulsivas cubrió todo lo que encontró a su paso mientras estaban vivas, cayendo con tal furia sobre los habitantes de aquella tierra, que deseaban morir; después, cuando iban muriendo, sus cadáveres crearon tal pestilencia, que la peste se convirtió en otra consecuencia inminente.
Así vemos que no tan solo fueron la tierra y el aire los que desencadenaron sobre ellos cuatro ejércitos devoradores, sino que también el agua se sumó a ellos soltando legiones de seres asquerosos. Parece ser que las aguas del Nilo se volvieron pestilentes, saliéndose de su cauce en forma de inmundas ranas, arrastrándose y saltando sobre ellos hasta convertirlos en peste. Los que contienden con el Omnipotente, poco saben sobre las flechas terribles que guarda en su aljaba; los pecados mayúsculos son objeto de castigos mayúsculos. C. H. S.
Vers. 49 Envió sobre ellos el ardor de su ira, enojo, indignación y angustia. Su última flecha fue la peor. Reservó el vino más fuerte de su indignación para la última copa. Nótese como el Salmista acumula las palabras; porque un golpe sucedió al otro, cada uno dejando a la víctima más atontada. El último golpe fue el peor. C. H. S.
Un ejército de ángeles destructores. Los mensajeros del mal entraron en su casa a medianoche e hirieron los objetos más queridos de su amor. Los ángeles eran malos para ellos, aunque buenos en sí; para los herederos de salvación eran ministros de gracia; para los herederos de ira ejecutores de juicio. C. H. S.
Cuando Dios envía ángeles, éstos acuden con seguridad, y si les manda que hieran de muerte, no van a perdonar. Ved en qué forma el pecado dispone y ordena a todos los poderes del cielo en contra del hombre; no le deja amigo alguno en el universo cuando Dios es su enemigo. C. H. S.
Que el diablo y sus ángeles son tan malos que para ellos está preparado el fuego eterno, esto lo sabe todo creyente; pero que puedan ser enviados para infligir castigo estimado como justo por el Señor Dios, parece algo duro a los que no están dispuestos a considerar en qué forma la perfecta justicia de Dios usa incluso las cosas malas.
Porque estas cosas, realmente, en lo que se refiere a su sustancia, ¿qué otra persona distinta de El puede haberlas hecho? Pero, en cuanto a ser malas, El no lo ha hecho; con todo, las usa, aunque El sea bueno, de modo conveniente y justo; tal como, por otra parte, los hombres injustos usan las cosas buenas en forma mala: Dios, pues, usa los ángeles malos no solamente para castigar a los hombres malos, como en el caso de aquellos de quienes habla este Salmo, o como en el caso del rey Acab, a quien un espíritu mentiroso engañó, permitiéndolo Dios, a fin de que cayera en la guerra, sino también para probar y hacer manifiestos a los hombres buenos, como vemos en el caso de Job. Agustín
Vers. 51. Hizo morir a todo primogénito en Egipto. No se hizo ninguna excepción; el monarca lamentó a su heredero como al siervo más humilde. Ellos habían herido al primogénito del Señor, a Israel, y El hiere a los suyos.
Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam. Empuñando su guadaña sobre el campo, la muerte cortó las flores más altas. Las tiendas de Cam conocieron una aflicción peculiar, y tuvieron que simpatizar con las aflicciones que de modo implacable habían caído sobre las casas de Israel. Así, las maldiciones volvieron a su punto de origen. Los opresores fueron pagados con su misma moneda, sin descuento alguno. C. H. S.
Vers. 56. Y no guardaron sus testimonios. No eran fieles ni veraces, sino traidores hereditarios; su norma era la falsedad. Conocían la verdad, y la olvidaron; su voluntad, y la desobedecieron; su gracia, y la trastornaron en ocasión para una mayor trasgresión. Lector, ¿necesitas un espejo? Mira, aquí hay uno que retrata al que escribe; ¿refleja también tu imagen?
Vers. 57. Se rebelaron como sus padres, demostrando su legitimidad al manifestar la traición de sus progenitores. Eran una nueva generación, pero no una nueva nación. La propensión al mal es transmitida; el que nace sigue a su progenitor. La naturaleza humana no mejora; las nuevas ediciones contienen todas las erratas de la primera, y a veces se añaden nuevos errores. C. H. S.
Se desviaron como arco indócil. Cuando el temple del arco no es perfecto, su curvatura se hace difícil y su tendencia excesiva a regresar a su posición primitiva hace que la flecha se desvíe, cayendo lejos de la diana en la que el arquero intentaba situarla.
Como el mono vestido de hombre de la fábula no puede disimular su naturaleza cuando le echan unas nueces delante, sino que se agacha y las agarra, un corazón falso se traiciona a sí mismo, sin darse cuenta, a la primera ocasión que se le presenta para sus deseos; por el contrario, la sinceridad guarda al alma pura frente a la tentación. William Gurnall
Vers. 58. Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. Esto era sólo un paso más; fabricaron símbolos del Dios invisible porque sentían deseos de tener algo tangible y visible a lo cual prestar reverencia. Esto es también el peor pecado de los tiempos modernos. ¿No vemos y oímos que las supersticiones abundan? Imágenes, pinturas, crucifijos y una serie de cosas visibles que son tenidas en gran honor religioso.
Sin duda el Señor es muy paciente, pues de lo contrario visitaría la tierra por estas formas de idolatría. Es un Dios celoso y detesta verse honrado por toda forma de representación que proceda venir de manos de hombres.
Vers. 59. Y en gran manera aborreció a Israel. Si Dagón tenía un lugar de honor en un alma, el arca de Dios no estaba allí. Donde mora el Señor no son toleradas las imágenes. Una iglesia visible pronto pasará a ser una maldición visible si son instalados ídolos en ella, y entonces las podaderas van a eliminar la rama muerta de la vid. C. H. S.
Vers. 61. Y su gloria en manos del enemigo. Ésta fue la terrible caída de la nación favorecida, y fue seguida de los juicios más terribles, de un carácter espantoso. Cuando Dios se aparta, todo se aparta. No hay calamidad que pueda igualarse al alejamiento de la divina presencia de entre su pueblo. ¡Oh Israel, cómo has caído tan bajo! ¿Quién va a ayudarte ahora que Dios te ha abandonado?
Vers. 64. Sus sacerdotes cayeron a espada. Ofní y Fineés fueron muertos; eran de los principales en el pecado, y por consiguiente perecieron con el resto. El sacerdocio no es un abrigo para los transgresores; el pectoral con joyas no puede desviar las flechas del juicio. C. H. S.
Vers. 70. Lo sacó de los apriscos del rebaño. El arte de apacentar ganado y el arte de regir hombre son hermanos, dijo Basilio. John Trapp
Vers. 71. De detrás de las ovejas lo trajo. Se cuenta de un erudito doctor de Oxford que colgó sus calzones de cuero en su estudio como recordatorio de su humilde origen para los visitantes; no puedo garantizar que sea cierto, pero sí cuenta la historia que Agatocles, que de alfarero llegó a ser rey de Sicilia, sólo servía su mesa con platos de arcilla para recordar su antigua ocupación.
David, cuando tenía dignidad real, nos recuerda que iba siguiendo a las ovejas ahora que está apacentando las ovejas de Israel. Su cetro de oro señala su cayado; y toca su antigua flauta en su arpa de oro actual; y planta su tienda de Belén dentro del palacio de mármol del monte de Sión. Samuel Lee
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SALMO 77

SALMO 77

C.H. Spurgeon.
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«Salmo de Asaf». Asaf era un músico y poeta que cantaba con frecuencia en tono menor; era reflexivo, contemplativo, creyente, pero, pese a todo, había un punto de tristeza en su persona, y esto impartía un sabor especial a sus cánticos.
Vers. 1. Con mi voz clamé a Dios. Este Salmo contiene muchas ideas tristes, pero podemos estar seguros que todo termina bien, porque empieza con oración; y la oración nunca llega, a un mal término. Asaf no acudía a los hombres, sino a Dios, e iba a El, no con palabras altisonantes, estudiadas, refinadas, sino con expresiones de dolor naturales, no fingidas. Usaba su voz también, porque aunque el pronunciar en voz alta las palabras no es necesario en la vida de oración, a veces nos vemos forzados a ello por la energía de nuestros deseos. Algunas veces el alma se siente impelida a usar la voz porque así halla una salida más libre a su agonía. Es un consuelo escuchar el timbre de alarma cuando la casa es invadida por los ladrones. C. H. S.
Al principio del Salmo, antes de hablar de sus penas, se apresura a mostrar el remedio más eficaz y necesario para aliviar la aflicción. Dice que no murmuró a causa de su impaciencia como hacen muchos, ni tampoco acusó a Dios de crueldad o tiranía, o pronunció palabras blasfemas por las cuales podría haber sido causa de deshonra para Dios, ni se ha permitido desconfianza o pena que apresurara su propia destrucción, o llenar el aire de vanas quejas, sino que corrió directamente a Dios y desplegó ante Él su aflicción, y procuró que Él no le negara de la gracia que cura las heridas del modo más efectivo. Mollerus
Y Él me escuchará., Espera que se abra la puerta de la gracia al segundo aldabonazo. (El me escuchó, en la versión usada por el autor.) John Collings
Vers. 2. Al Señor busqué en el día de mi angustia. Los días de la tribulación han de ser días de oración; en los días de tribulación interna, especialmente cuando parece que Dios se ha apartado de nosotros, hemos de buscarle hasta que lo encontremos. En el día de la tribulación no buscó las diversiones para sacudirse la tribulación de esta manera, sino que buscó a Dios, su favor y su gracia. Los que pasan aflicciones no deben esperar aliviarías con la bebida ni la risa, sino con la oración. Matthew Henry
Vers. 3. Hay momentos en la vida de todos los creyentes en que Dios y sus caminos se les vuelven ininteligibles. Se pierden en la meditación profunda, y no queda nada en ellos sino suspiros de abatimiento. Pero sabemos, por el apóstol Pablo, que el Espíritu Santo intercede por los creyentes en Dios con gemidos indecibles. (Ver Romanos 8:26). Augustus F. Tholuck
Vers. 4. Estaba yo quebrantado, y no hablaba. Las grandes aflicciones dejan mudo. Las corrientes profundas no borbotean entre los guijarros, como los arroyuelos superficiales de un chubasco pasajero. Las palabras le fallan al hombre cuyo corazón falla. Ha clamado a Dios, pero no puede hablar a los hombres; qué misericordioso es que, si hemos hecho lo primero, no tenemos que desesperarnos cuando lo segundo no nos es posible. Sin sueño y sin habla, Asaf se veía reducido a grandes extremos, y, con todo, se reanimó, y también lo haremos nosotros. C. H. S.
Algunas veces nuestra aflicción es tan violenta que si no le damos salida nos sofoca y somos aplastados. En nuestras deserciones y abandonos ocurre como en el hombre que sufre una herida pequeña; al principio ni hace caso, pero al no prevenir un daño futuro, la herida descuidada empieza a enconarse, o viene la gangrena que le causa gran dolor y pérdida.
Lo mismo pasa en ocasiones de tristeza espiritual; cuando estamos turbados al principio, oramos y derramamos nuestra alma delante del Señor, pero después las aguas de nuestro pesar ahogan nuestros gritos y nos vemos tan abrumados que no podríamos orar por nada en el mundo, o por lo menos no hallamos alivio, ni vida, ni placer en nuestras oraciones; y Dios mismo parece no deleitarse en ellas, y esto nos pone aún más tristes (Salmo 22:1). Timothy Rogers en Un discurso sobre la preocupación y la melancolía
Las lágrimas tienen una lengua, una gramática y un lenguaje que nuestro Padre conoce. Los niños pequeños no tienen necesidad de oraciones para conseguir el pecho, sino que usan el llanto: la madre puede oír el hambre en el lloro. Samuel Rutherford
Si, en medio de todos tus desánimos, tu condición empeora de forma que no puedes orar, sino que te quedas mudo cuando acudes a su presencia, como David, entonces vienen otras expresiones cuando no puedes hablar: gemidos, suspiros, sollozos, como sucedió en el caso de Ezequías; lamenta tu condición indigna y desvalida, y desea que Cristo presente a Dios tus peticiones, y Dios las oirá de Él. Tomas Goodwin
Vers. 5. Consideraba los días desde el principio, los años de los tiempos pasados. Si no hay bien en el presente, la memoria rebusca en el pasado para hallar consolación. De buena gana pide prestada luz de los altares de ayer para iluminar la oscuridad de hoy. Nuestro deber es buscar consuelo, no permanecer en la hosca indolencia cediendo a la desesperación. C. H. S.
Vers. 6. Me acordaba de mis cánticos de noche. Sin duda, Pablo y Silas más adelante recordaron sus cantos en la noche que pasaron en la cárcel de Filipos; y esto les dio ánimo en pruebas ulteriores. ¿Y no podemos hacer, hermanos, lo mismo, recordar los apoyos y consolaciones que hemos disfrutado en anteriores dificultades y la forma en que el Señor nos hizo pasar de la sombra de muerte a la mañana? John Ryland
Meditaba en mi corazón. No cesaba en la introspección porque estaba decidido a hallar el fondo de su pena y seguirla hasta su origen. Hacía trabajo seguro al hablar, no con la mente solo, sino con lo más íntimo de su corazón; su corazón estaba en actividad dentro de él. No estaba ocioso, sumido en la melancolía; estaba de pie y en acción, decidido a no morir mansamente de abatimiento, sino que lucharía por su esperanza hasta el último momento de su vida. C. H. S.
Vers. 9. ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? Oh Dios mío, peco contra tu justicia a cada momento, y tu misericordia interviene para mi remisión; pero guárdame de pecar contra tu misericordia.
¿Cuál puede ser mi apelación cuando me he enemistado con mi abogado? Joseph Hall
El niño afligido llama y busca a su madre. ¡Qué voy a hacer, madre, madre mía! Y es posible que la madre se halle a la espalda del niño, sólo que se esconde para poner a prueba el afecto del niño.
Así la pobre alma dama y busca a Dios, y lamenta: « ¡Oh Padre mío, Padre mío! ¿Dónde se halla mi Padre celestial? ¿Ha olvidado el tener misericordia? ¿Ha cerrado su bondad a causa de su desagrado?», por más que (durante todo este tiempo) Dios está más cerca de lo que pensamos, mostrándose en «un espíritu de gracia y súplica», con suspiros «y gemidos indecibles». Matthew Laurence
¿Ha encerrado en su ira sus entrañas? ¿Están atascadas las cañerías de la bondad de modo que el amor no puede fluir por ellas? ¿No sienten conmiseración las entrañas de Jehová hacia sus hijos queridos?
Así, golpe tras golpe, la incredulidad es acorralada y expulsada del alma; hace preguntas y le responderemos con más preguntas. Nos hace pensar y obrar de modo ridículo, y nosotros acumularemos desprecios sobre ella. El argumento de este pasaje adopta la forma de la reductio ad absurdum. Hay que dejar desnuda a la desconfianza y se demuestra que es una necedad y una locura. Selah. Aquí descansamos un tanto, porque la batalla de preguntas requiere un descanso. C. H. S.
Vers. 10. Y me dije: Éste es mi tormento. El autor está ganando la batalla; ahora habla de modo más razonable y examina la situación con más claridad en su mente. Confiesa que la incredulidad es una debilidad, una locura, un pecado. Puede también entenderse que significa: «Esta es mi aflicción designada»; la llevaré sin quejarme. Cuando nos damos cuenta de que nuestra aflicción ha sido administrada por el Señor y es la porción ordenada de nuestra copa, nos reconciliamos con ella y ya no nos rebelamos contra lo inevitable. ¿Por qué no hemos de estar contentos con la voluntad del Señor? Lo que El dispone es algo a lo que nosotros no hemos de presentar objeciones. C. H. S.
Resulta un tormento cuando la inclinación y tendencia del alma son rectas, pero por alguna violencia de corrupción o por la fuerza de la tentación el hombre es desviado y se dirige en otra dirección. Como la aguja de la brújula del marinero; sabemos que si funciona bien se, dirige siempre hacia el Norte y que la dirección de la misma tendera hacia el Norte, pero si se la sacude y perturba es posible que se desvíe durante un tiempo, por más que tendrá que recobrar la dirección que le corresponde: esto es un tormento. James Nalton
Vers. 10, 11. Éste es mi tormento: que la diestra del Altísimo ha cambiado. Me acordaré de las obras de JAH; si; haré memoria de tus antiguos portentos. Por tanto, cristiano, cuando te hallas en las profundidades de la aflicción y Satanás te tienta a que hables mal de Dios, como si El se hubiera olvidado de ti, ciérrale la boca con esto: «No, Satanás, Dios no se ha olvidado de mí, sino que yo me he olvidado de lo que El ha hecho por mí, pues de otro modo no podría poner en duda su cuidado paternal en la ocasión presente.» Ve, cristiano, aprende de tus propias lecciones; alaba a Dios por las misericordias pasadas, y no tardarás mucho antes de que haya un nuevo canto en tu boca por la misericordia presente.
En ocasiones se halla algún documento en el despacho de un hombre que hace posible salvar su hacienda, por falta del cual habría ido a la cárcel; y alguna experiencia recordada puede salvar a uno de la desesperación, una cárcel en la que el diablo desea tener encerrado al cristiano.
El sabueso, cuando ha perdido la pista, vuelve hacia atrás hasta que la recobra, y entonces prosigue en su búsqueda con mayor ardor que antes. Así, cristiano, cuando hayas perdido la esperanza y pongas en duda tu salvación en el otro mundo, mira hacia atrás y ve lo que Dios ya ha hecho por ti. William Gurnll
Vers. 11. Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré memoria de tus antiguos portentos. Aunque que todo lo demás pase al olvido, las obras maravillosas del Señor en los días antiguos no deben ser olvidadas. La memoria es una sirvienta apropiada para la fe. Cuando la fe pasa sus siete años de hambre, la memoria, como José en Egipto, abre sus graneros. C. H. S.
Las obras de JA.... tus portentos. El Salmista no quiere hacer una distinción entre las obras y los portentos de Dios, sino que afirma que todas las obras de Dios son portentos. Todas, sea en la providencia o la gracia, ¡todas las obras de Dios son maravillosas! Si consideramos la experiencia individual del cristiano, ¿de qué está formada? De portentos.
La obra de su conversión, ¡maravillosa!: detenida en su curso por el descuido y la impiedad; buscada por la gracia e impulsada suavemente a estar en paz con Dios, cuya ira había provocado. La comunicación de conocimiento, ¡maravillosa!: la Divinidad y la eternidad gradualmente acumuladas; la Biblia considerada página tras página, y cada página un volumen que no puede ser agotado por el escrutinio más minucioso.
La ayuda en la campaña, ¡maravillosa!: el mismo cristiano es un hijo de corrupción, aunque capacitado para presentar batalla al mundo, la carne y el demonio y, con frecuencia, hacerles morder el polvo. Los solaces en la aflicción, ¡ maravillosos!: la pena, santificada de modo que suministre gozo, y una cosecha de alegría recogida de un campo que había sido regado con lágrimas. Los anticipos del cielo, ¡maravillosos!: los ángeles que nos traen racimos del país, y el espíritu deambulando con paso ligero por el río de cristal y las calles de oro. ¡Todo maravilloso! Henry Melvill
Vers. 13. Oh Dios, santo es tu camino. Aunque las obras de Dios son manifestadas en parte en nosotros, con todo, nuestro conocimiento de ellas se queda muy corto de su inconmensurable altura. Además, hay que observar que nadie goza en el menor grado sus obras, como no sean los que por la fe se levantan hasta el cielo. Y, sin embargo, el punto máximo a que ascienden, el contemplar con admiración y reverencia la sabiduría escondida y el poder de Dios según se muestran en sus obras, sobrepasan con mucho la capacidad limitada de nuestro entendimiento. Juan Calvino
Vers. 15. Los hijos de Jacob y de José. ¿Fue José o fue Jacob el que engendró los hijos de Israel? Sin duda, fue Jacob; pero José los nutrió, y por esto son llamados por su nombre. Talmud
Vers. 16. Te vieron las aguas, oh Dios; las aguas te vieron, y temieron. Las aguas vieron a su Dios, pero el hombre rehúsa discernirlo; las aguas temieron, pero los orgullosos pecadores son rebeldes y no temen al Señor. C. H. S.
Vers. 16, 18. Las aguas te vieron, pero los hombres no te ven. Los abismos fueron perturbados, pero los hombres dicen en su corazón: «No hay Dios.» Las nubes derraman agua, pero los hombres no prorrumpen en gritos y lágrimas ante Dios. Los cielos emiten su sonido, pero los hombres no dicen: «¿Dónde está mi Dios, mi Hacedor?»
Tus saetas fueron disparadas, pero no hay saetas de contrición y súplica que los hombres te devuelvan a su vez. La voz de tu trueno está en los cielos, pero los hombres no escuchan los truenos más ruidosos de la ley. Los relámpagos iluminan el mundo, pero la luz de la verdad brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. La tierra tembló y fue sacudida, pero los corazones humanos permanecen inmutables. George Rogers
Vers. 20. Condujiste a tu pueblo como rebaño por mano de Moisés y de Aarón. ¡Qué transición desde la tempestad a la calma, desde la ira al amor! Sosegadamente, Israel fue guiado por mano humana que velaba la gloria excesiva de la presencia divina. El que hirió a Egipto era, el pastor de Israel. El echó a sus enemigos de delante de sí, pero El mismo fue delante de su pueblo. Los cielos y la tierra lucharon a su lado contra los hijos de Cam, coadyuvando a los intereses de los hijos de Jacob.
Por tanto, con gozo devoto y plenitud de consolación cerramos este Salmo; el cántico de uno que se había olvidado de hablar y, con todo, aprendió a cantar más dulcemente que sus compañeros. C. H. S.
El Salmista ha alcanzado el punto culminante de su canto, ha encontrado alivio a su aflicción al forzar sus pensamientos por otro cauce, considerando todas las obras maravillosas y potentes del pasado; y aquí ha de terminar: en la intensidad presente de su pasión no puede fiarse de sí mismo para sacar en detalle meras lecciones de consuelo. Hay sazones en que la fe más santa no puede soportar las palabras del razonamiento; aunque puede hallar todavía apoyo en que reposar, en la simple contemplación, en toda su grandeza natural, de las obras que Dios ha realizado. Joseph Francis Thrupp

COMENTARIO SALMO 76

SALMO 76

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Aquí canta la fe los triunfos conseguidos. El Salmo presente es un canto de guerra jubiloso, un trofeo para el Rey de reyes, el himno de una nación teocrática a su divino Soberano. No tenemos necesidad de marcar divisiones en un cántico en que la unidad está tan bien preservada.

Vers. 1. Dios es conocido en Judá; en Israel es grande su nombre. Afuera el mundo está en la oscuridad, pero dentro del círculo favorecido Jehová se ha revelado y los que le contemplan le adoran. El mundo no le conoce y, por tanto, blasfema de El, pero su iglesia está llena de ardor al proclamar su fama hasta los extremos de la tierra. C. H. S.

Allí es conocido en ella, en su iglesia, como un Rey en sus atrios, por la gloria y hermosura que manifiesta; como Maestro en su escuela, por la sabiduría y conocimiento que dispensa; como Residente en su casa, por las órdenes sagradas prescritas y el gobierno y dominio misericordioso establecido y mantenido en las almas de sus siervos; como un Esposo en su casa en pleno banquete, por los manjares delicados espirituales que Él provee para la manifestación clara y franca de sí mismo, su amor y los consuelos que ministra a sus amigos e invitados espirituales. Alexander Grosse

Vers. 4. Glorioso eres Tú, y majestuoso desde los montes de caza. ¿Qué son los honores de la guerra sino jactancias de asesinatos? ¿Qué es la fama de los conquistadores sino el hedor de la matanza? Pero el Señor es glorioso en su santidad, y sus terribles hechos son ejecutados en justicia para la defensa de los débiles y la liberación de los esclavizados. El mero poder puede ser glorioso, pero no es excelente; cuando contemplamos los actos poderosos del Señor vemos una mezcla perfecta de las dos cualidades. C. H. S.

Vers. 5. Los fuertes de corazón fueron despojados. Los hombres osados, que no temen nada, se sienten débiles y tiemblan como azogados; porque su corazón fuerte les es arrebatado, y entonces, lejos de ser causa de terror para los demás, huyen de una sombra; su valor es nulo; no pueden mirar con confianza a un niño; mucho menos mirar a un enemigo a la cara. Joseph Caryl

Vers. 5, 6.

El ángel de la muerte, extendiendo sus alas,

Sopló su ráfaga en la faz del enemigo al paso;

Y los ojos ardientes se volvieron helados,

Los pechos palpitantes, ¡inmóviles quedaron!

El corcel yace en tierra, las narices abiertas,

Mas no pasa por ellas, del orgullo, el aliento;

Y la espuma de su boca emblanquece la hierba

Fría como la de las crestas de las olas del mar.

Y el jinete tumbado, desencajado y pálido;

En su frente rocío, y herrumbre en la cota de malla;

Las tiendas en silencio, los estandartes rotos,

Las lanzas esparcidas, las trompetas silentes.

—Lord Byron

Vers. 7. Tú, temible eres Tú. Ni Senaqurib ni Misroc son su Dios, sino sólo Jehová, cuya reprensión silenciosa marchita las huestes del monarca.

Temedle a Él, oh santos, y entoncesNo

tenéis que temer ya nada más.

El temor del hombre es una trampa, pero el temor de Dios es una gran virtud y tiene un gran poder para el bien en la mente humana. Dios ha de ser temido profundamente, continuamente, y sólo hay que temerle a El. C. H. S.

¿Y quién podrá estar de pie? ¿Quién? ¿Los ángeles? No son sino rayos refractados; si Dios escondiera su faz cesarían de brillar. ¿El hombre? Su gloria y su pompa, como los colores del arco iris, se desvanecen cuando Dios muestra en ira el resplandor de su rostro. ¿Los demonios? Si El dice una palabra se derrumban y precipitan del cielo como un rayo. John Cragge

Vers. 8. Desde los cielos hiciste oír juicio. Una derrota tan completa evidentemente fue un juicio del cielo; los que no lo vieron, oyeron las noticias y dijeron: «Este es el dedo de Dios.» El hombre no quiere oír la voz de Dios si puede evitarlo, pero cuando Dios quiere, la ha de oír. Los ecos de este juicio ejecutado sobre el altivo asirio se oyen todavía, y resonarán por todas las edades, para alabanza de la justicia divina. C. H. S.

Vers. 10. Ciertamente el furor del hombre te reporta alabanza. No sólo será derrotado, sino que será un hecho que contribuirá a tu gloria. El hombre, respirando amenazas, es barrido por la trompeta de la fama eterna del Señor. Los vientos furiosos con frecuencia llevan a los barcos más rápidamente al puerto. El diablo sopla el fuego y derrite el hierro, y entonces el Señor le da forma según sus propósitos. Que el hombre y los demonios rujan furiosos cuanto quieran; no pueden hacer otra cosa que servir, en el fondo, los propósitos divinos. C. H. S.

La Septuaginta dice: «El furor del hombre hará un día santo para Ti, va a aumentar el festival para Ti.» Dios, muchas veces, en el mundo parece encaramarse sobre los hombros de Satanás. Thomas Manton

¡Qué poco valor da el Espíritu de Dios en la Escritura al hombre y su poder! «Desiste del hombre, cuyo aliento está en sus narices; porque, ¿qué importancia hay que darle?» La ira del hombre, cuando es extendida hasta sus límite, sólo puede llegar a matar el cuerpo, o sea, romper la cubierta de arcilla que aloja al alma, y después ya no puede hacer más. Ebenezer Erskine

Te ceñirás de él como un ornamento. La malicia está atada y no puede romper sus amarras. El fuego que no puede ser usado será apagado. «Te ceñirás», como si el Señor se ciñera la ira del hombre como una espada para usarla en la mano de Dios para herir a los otros. El versículo nos enseña claramente que incluso el mal más virulento está bajo el control del Señor, y será reducido y transformado por El para su alabanza. C. H. S.

Pero ¿qué se hará de la ira que queda? Dios «reprimirá» la ira. La palabra significa «ceñirse». Sin embargo, Dios puede considerar apropiado aflojar la brida de su providencia y permitir que el malvado suelte su ira y enemistad en tanto cuanto esto contribuya a su gloria; pese a todo, el exceso de esta ira que no es para la gloria de Dios y el beneficio de su pueblo, Dios se la ceñirá de modo que no pueda ser usada. Si la ira del hombre va más allá de lo que pueda traer beneficios en forma de alabanza a Dios, El la restringirá, la reducirá como las aguas en un molino. Ebenezer Erskine

Vers. 11. Todos los que están alrededor de Él, traigan ofrendas al temible. El que merece ser alabado, como lo merece nuestro Dios, no debe tener mero homenaje verbal sino tributo sustancial. ¡Soberano temido, he aquí me entrego a Ti!

Vers. 12. Cortará Él el aliento de los príncipes. Su calor, destreza y vida se hallan en sus manos, y El puede quitarlos como un jardinero corta el tallo de una flor. Ninguno es grande en su mano. Los césares y los napoleones caen bajo su poder como las ramas del árbol bajo el hacha del leñador. C. H. S.

El Señor corta el espíritu de los príncipes. ¡Cuánta incertidumbre han hallado muchos llamados grandes, en su miserable experiencia, en su gloria externa y su felicidad mundana! ¡Qué cambio ha tenido lugar en un breve tiempo en todos sus honores, riquezas y deleites!

El gran emperador Enrique IV, victorioso en numerosísimas batallas en las que luchó personalmente, acabó en la pobreza antes de morir, y se vio obligado a pedir una prebenda a la iglesia de Spier para sostenerse en su ancianidad.

Y Procopio nos cuenta del rey Gillimer, que era un poderoso monarca de los vándalos, que llegó a una miseria tal que tuvo que rogar a un amigo que le enviara una esponja, un pan y un arpa; la esponja para secarse las lágrimas, el pan para sobrevivir, y el arpa como solaz en su desgracia.

Philip de Comines informa de un duque de Exeter que, a pesar de que se había casado con la hermana de Eduardo IV, se vio en los Países Bajos mendigando, en harapos y descalzo. Belisario, el hombre más importante de su tiempo, después de que le fueron arrancados los ojos, se vio en la miseria suma y tenía que pedir: «Una limosna para Belisario.» Jeremiah Burroughs

Temible es a los reyes de la tierra. En tanto que ellos son temibles para otros, Dios es temible para ellos. Si ellos se oponen a su pueblo, El va a dar cuenta de ellos rápidamente; van a perecer ante el terror de su brazo, «porque Jehová es un hombre de guerra, Jehová es su nombre». Regocijaos delante de El todos los que adoráis al Dios de Jacob. C. H. S.

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