domingo 15 de febrero de 2009

Sermón: LA FORTALEZA Por Recursos Biblicos recursosbiblicos@gmail.com «Jehová es bueno, fortaleza en el día de la an¬gustia; y conoce a los que en

Sermón: LA FORTALEZA

Por Recursos Biblicos

recursosbiblicos@gmail.com

«Jehová es bueno, fortaleza en el día de la an­gustia; y conoce a los que en El confían»

(Nahum 1:7).

Este texto parece como una isla en un lago tempestuoso. Todo está en calma en este texto, a pesar de que todo el contexto es como un mar en tempestad.

I. LO QUE DIOS ES. «JEHOVÁ ES BUENO.»

1. Bueno en sí mismo, esencial e independientemente.

2. Bueno eternamente y de un modo inmutable.

3. Bueno en todos sus actos de gracia.

4. Bueno en sus actos presentes, sean lo que sean.

5. Sea lo que sea que no sea bueno a nuestro alrededor, nosotros sabemos que el Señor es bueno (Mat. 19:17).

II. DIOS PARA NOSOTROS. «Una fortaleza en el día de angustia »

  1. Bajo especiales circunstancias es nuestro recurso.

a. En el día de tribulación, cuando la prueba es especial y vehemente.

b. En el día de tribulación: temporal, pero demasiado lar­ga para nosotros, pues puede durar toda nuestra vida si el Señor no lo impide.

c. En el día de tribulación: cuando dentro, fuera y alre­dedor nuestro todo parece soledad, temor, necesidad y pena.

  1. Manteniendo nuestra paz.
  2. Desafiando a nuestros enemigos, que no se atreverán a atacar semejante fortaleza.
  3. Una fortaleza permanente, pues Dios es el mismo y su refugio seguro para los necesitados.

III. DIOS CON NOSOTROS. «Y conoce a los que en El confían.»

  1. Su tierno cuidado para satisfacer todas las necesidades de los suyos.
  2. Su amante comunión con ellos, lo cual es la mejor prueba de que le conocen y son sus amigos queridos.
  3. Su abierto reconocimiento: son suyos ahora y les reco­nocerá ante la asamblea del Universo (Apoc. 3:5).

Cuando viajaba por el valle Yosemita, nuestro conductor nos contó de una serie de terribles terremotos que vio en aquel valle hace algunos años. Los pocos habitantes que allí había fueron sacudidos de sus lechos y lanzados al suelo por la noche. Débi­les cabañas fueron destruidas; grandes rocas fueron arrojadas al precipicio del valle. Las sacudidas se repitieron por varios días, hasta que la gente estuvo llena de pánico y pronta al deses­pero.

«¿Qué hicieron, pues?», preguntamos. El conductor, señalan­do a una roca inmóvil, al picacho llamado «El Capitán», que se eleva tres mil pies a la parte sur del valle y tiene una base de tres millas sólidas, respondió: «Determinamos ir y acampar bajo el viejo "Capitán", pues comprendíamos que si aquella tremenda roca se movía tenía que ser el fin del mundo.» — DR. CUYLER.

Tamar podía disfrazarse y andar por una senda no acos­tumbrada de modo que Judá no la conociera; Isaac, a causa de la disminución de su vista, podía bendecir a Job y desheredar a Esaú; el tiempo transcurrido podía hacer que los hermanos de José no le conociesen; Salomón podía dudar acerca de a quién pertenecía el niño muerto que le presentaron, y Cristo podía venir a los suyos y éstos no reconocerle; pero el Señor conoce los que son suyos y su ojo está siempre sobre ellos.

Ni el tiempo, ni el lugar, ni el habla, ni la apariencia exterior pueden oscurecer o nublar su vista o su oído. Puede distin­guir a Daniel en la cueva de los leones y reconocer a Job, por más que éste haya cambiado por sus calamidades. Puede ver a Jonás en el vientre de la ballena, a Pedro en la cárcel, a Lázaro envuelto en sus atavíos funerarios, o a Abel desfigurado en sus sangres. Puede llamar a los tales por su nombre y enviar sus ángeles a confortarles. La ignorancia y el olvido pueden ena­jenar y apartar el amor de las criaturas, pero el Señor no es susceptible a ello, pues su ojo, así como la esencia de su ser. está en todas partes; conoce todas las cosas. — SPENCER, Cosas viejas y nuevas.

Muchos hablan de confiar en Dios, cuando nada saben de la fe verdadera. ¿Cómo podemos nosotros saber quién es, y quién no es, un verdadero creyente? Esta pregunta es difícil de res­ponder en tiempos de prosperidad, pero no en los días de tribulación, cuando el verdadero creyente está en calma y confiado en su Dios y el que es tan sólo un pretendiente está lleno de angustia y temor; nuestro texto lo demuestra. Cualquiera puede encontrar un nido de pájaros en invierno cuando los árboles están desnudos, pero cuando las hojas verdes los cubren es mucho más difícil. Así es con los creyentes, que se descubren en el tiempo de adversidad. Una cosa, empero, no debemos ol­vidar: sea que nosotros conozcamos a los verdaderos creyentes o no, Dios los conoce. El no incluye ningún solo hipócrita en este número; ni excluye a un sincero creyente, aun cuando tenga poca fe. El conoce de un modo infalible y universal. ¿Me conoce a mí como uno de los que confían en El? El Señor conoce a los suyos, y ellos conocen que El es su fortaleza. ¿Tengo yo tal conocimiento?

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