Aram, Arameos
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I. Ancestral y personal
a. Hijo de Sem, registrado así juntamente con Elam, Asur (Asiria), y otros en Gn. 10.22–23 y 1 Cr. 1.17, que tiene otros cuatro agrupados con él. Sobre esta asociación de Aram con las partes del E y NE del antiguo oriente, véase sección II.a, inf.
b. Nombre individual de algunas personas y jefes de clanes posteriores en la época patriarcal y después, así: Aram, nieto de Nacor, hermano de Abraham (Gn. 22.21); una “aramea” fue madre de Maquir por Manasés (1 Cr. 7.14, °bla ); otro Aram se menciona como descendiente de Aser (1 Cr. 7.34).
En las genealogías de Mt. 1.3–4 y Lc. 3.33 Aram es simplemente la forma gr. equivocada de Ram (rsv), nombre enteramente diferente.
II. Pueblos, territorios y lengua
a. Orígenes
A Aram y a los arameos se les dice generalmente “Siria” y “sirios”, respectivamente, en el AT, apelativos desconcertantes cuando se aplican al período anterior a ca. 1000 a.C. Desde el 3° milenio a.C. se sabe por fuentes cuneiformes que pueblos occidentales seminómades de habla semita se venían infiltrando constantemente en Siria y Mesopotamia a lo largo de casi toda la frontera del desierto arábigo. En Mesopotamia, bajo los reyes de Acad y de la 3» dinastía de Ur (ca. 2400–2000 a.C.), estos “occidentales” (MAR.TU en sumerio, Amurro en babilonio) finalmente penetraron a través del Tigris las tierras esteparias más hacia el E, alcanzando los montes iranios. Hay indicios de que se establecieron bien allí. (Para un buen análisis de esto véase J.-R. Kupper, Les Nomades en Mésopotumie au Temps des Rois de Mari, 1957, pp. 147s, 166, 177s, 196.) Pero estas regiones en el NE no eran territorios vacíos. En las estepas y en los montes más allá vivían los hurritas, y seguramente las dos poblaciones se mezclaron. Estos hechos proporcionan un fondo ilustrativo para los orígenes de los arameos de las fuentes bíblicas y externas.
En este mismo período se menciona un asentamiento denominado Aram(e.i) en la región E del Tigris, al N de Elam y al ENE de Asiria. Si este hecho se liga con la presencia de pobladores occidentales de habla semita allí, estos podrían justificadamente considerarse como protoarameos. Kupper rechaza esta interpretación, pero aparentemente ha descuidado la importancia de algunos pasajes del AT aquí. Esta asociación de los primitivos “arameos” con el E y el NE es evidente en Gn. 10.22–23, donde Aram, Elam, y Asur (Asiria) aparecen juntos, lo cual es indicación de una fecha muy temprana. Am. 9.7 continúa esta tradición en épocas posteriores: Dios sacó a Israel de Egipto (S), a los Filisteos de Caftor (O), y a los arameos de Kir (NE). Kir aparece una sola vez más (Is. 22.6)—representando a Asiria—juntamente con Elam, de modo que Amós coincide con Gn. 10 y con la presencia, comprobable, de los protoarameos en el NE. Basándose en las pruebas cuneiformes (pero sin usar los pasajes bíblicos esgrimidos aquí), estos arameos primitivos fueron aceptados por A. Dupont-Sommer, VT Supp., t(t). I, 1953, pp. 40–49; por S. Moscati, The Semites in Ancient History, 1959, pp. 66–67, y en obras anteriores; y por M. McNamara, Verbum Domini 35, 1957, pp. 129–142; pero rechazados (p. ej.) por I. J. Gelb, JCS 15, 1961, pp. 28, n. 5; D. O. Edzard, Die zweite Zwischenzeit Babyloniens, 1957, pp. 43, n. 188.
Aramu está comprobado como nombre de persona en la 3º dinastía de Ur (ca. 2000 a.C.) y en Mari (s. XVIII a.C.); en Alalak en el N de Siria en esta época, aproximadamente, aparece la forma Arammú; para la doble “m” cf. el heb. <ƒramméÆ, ‘arameo’. Esto se corresponde con Aram como nombre de persona en el AT alrededor de esa época. Es posible que el nombre Aram hasta sea hurrita; en Alalak y en Nuzi aparece una serie de nombres de tipo hurrita compuestos con Aram-o Arim- como parte inicial (Kupper, Nomades, pp. 113). Es posible que “Aram” haya sido el nombre de un grupo tribal que primero cruzó el Tigris y entró en territorio hurrita, y es posible que su nombre haya sido aplicado por los hurritas a todos esos grupos occidentales de habla semita que se infiltraron o asentaron allí (cf. El uso sumerio y bab. de los términos MAR.TU y Amarru, sup.), y por ello su uso en nombres de lugares; o puede también haber sido un epíteto hurrita, lo cual explicaría mejor su uso en nombres de personas. A medida que los hurritas se extendieron por la Mesopotamia superior y llegaron a Siria ya para el comienzo del 2º milenio, quizá usaron este término para los muchos pobladores semíticos occidentales en dichas regiones, conocidos por fuentes cuneiformes no hurritas (p. ej. Mari): los haneos, suteos, y otros; pero esto sigue siendo enteramente incierto.
b. Historia primitiva, ss. XIX-XII a.C.
Después de abandonar Ur, los patriarcas hebreos se asentaron primeramente en esta región mesopotámica superior, en Harán (Gn. 11.28–32), en “Aram-naharaim” (véase inf.). Una parte de la familia se quedó allí (Nacor, Betuel, y Labán) como “arameos” (e. d. adoptando el nombre del lugar donde vivían), mientras que la otra (Abraham) siguió hacia Canaán. Pero las esposas tanto de Isaac como de Jacob procedían de la rama aramea de la familia (Gn. 24.28ss), justificando plenamente la confesión israelita posterior de que descendían de “un arameo a punto de perecer” (Jacob) en Dt. 26.5. El habla de las familias de Jacob y de Labán ya mostraba diferencias dialectales (“cananeo” y “arameo”), véase Gn. 31.47; nótese la forma primitiva de esta frase aramea, que emplea el genitivo directo y no la circunlocución con déÆ.
Aram-naharaim (“Aram de los dos ríos”) o Padan-aram era básicamente la zona dentro de la gran curva del río Éufrates más allá de Carquemis que la limitaba en el O, con el río Habur como límite en el E. En esta región surgió el reino hurrita de Mitanni (ss. XVI-XIV a.C.). En las cartas de *Amarna (ca. 1360 a.C.) se la llama NahÉrima con el número dual cananeo en “m” (como el heb.), mientras que en los textos egp. de ca. 1520–1170 a.C. aparece la forma Nhrn, exhibiendo claramente un dual en “n” de tipo arameo, no asimilado al cananeo como en las cartas de Amarna. La forma del egp. es evidencia clara—derivada directamente del contacto militar egipcio con Aram-naharaim—de las formas dialectales arameas existentes allí a partir del ss. XVI a.C. Las formas NahÉrima/Nhrn se mencionan brevemente en Gelb, Hurrians and Subarians, 1944, pp. 74 y n. 208. Indicios adicionales de formas (proto)arameas a comienzos del 2º milenio en esta región se encuentran en Albright, AfO 6, 1930–1, pp. 218, n. 4.
De Ugarit (ss. XIV-XIII a.C.) provienen los nombres propios Armeya y B(e)n-Arm(e)y(a), y un solar llamado “campos de arameos” (Kupper, Nomades, pp. 114), que continúan la historia. Una mención egipcia de Aram aparece bajo Amenofis III (ca. 1370 a.C.), cf. E. Edel, Die Ortsnamenlisten aus dem Totentempel Amenophis III, 1966, pp. 28s. Así, el nombre de lugar “el Aram” o “Pa-aram” en el papiro egp. Anastasi III (s. XIII a.C.) se refiere probablemente a Aram, no a Amurru. Fue en el ss. XIII a.C. que Balaam fue contratado en *Petor (en Amav [?]) a orillas del Eufrates en Aram (-naharaim) y los “montes del este”, a fin de maldecir a Israel (Nm. 22.5; 23.7; Dt. 23.4).
En el caos que se produjo en la parte occidental del oriente antiguo poco después del 1200 a.C. aprox., cuando los pueblos marítimos destruyeron el imperio hitita y desgarraron Siropalestina (* Cus; Egipto, Historia), uno de los opresores de Israel fue el oportunista *Cusan-risataim, rey de Aram-naharaim, cuyo extenso pero frágil dominio duró sólo ocho años (Jue. 3.7–11). Más tarde todavía, en el período de los jueces, a los dioses de Siria propiamente dicha ya se les podía llamar “los dioses de Aram” (ca. 1100 a.C. [?]) en Jue. 10.6 (heb.); esto se relaciona con el acelerado ingreso y asentamiento de los arameos a fines de los ss. XII y XI a.C. en Siria y Mesopotamia, lo cual culmina con la fundación de estados arameos. Justamente en esta época Tiglat-pileser I de Asiria (1100 a.C.) estaba tratando infructuosamente de detener el avance de los “aklamu, arameos” a todo lo largo del Éufrates medio (ANET, pp. 275). Los “aklamu” aparecen en los ss. XIII, XIV y (como nombre de persona) XVIII a.C. como pueblo de tipo arameo, lo cual confirma aun más la continuidad aramea desde tiempos antiguos hasta los tardíos. Sobre esta sección véase tamb. Kupper, Nomades; R. T. O’Callaghan, Aram Naharaim, 1948; A. Malamat, The Aramaeans in Aram Naharaim and the Rise of Their States, 1952 (hebreo); M. F. Unger, Israel and the Aramaeans of Damascus, 1957; ANET, pp. 259 y n. 11.
c. Israel y los estados arameos (ca. 1000–700 a.C.)
(i) Saúl (ca. 1050–1010 a.C.). Durante su reinado, Saúl tuvo que luchar contra muchos enemigos de Israel: Moab, Amón, y Edom en el E, los filisteos en el SO, y “los reyes de Soba” en el N (1 S. 14.47; o “rey”, si se sigue la LXX, como hace °ci, p. ej.). Esto fue probablemente en la cúspide de su poderío (ca. 1025 a.C. [?]), antes de los desastres finales de su reinado.
(ii) David (ca. 1010–970 a.C.). El primer contacto conocido de David con los arameos es con Talmai hijo de Amiud, rey de Gesur, con cuya hija se casó (Absalón fue hijo de ellos) dentro de los primeros siete años de su reinado en Hebrón (1010–1003 a.C.), 2 S. 3.3, 5. Talmai seguía gobernando Gesur ya entrado el reinado de David cuando Absalón huyó hacia allí por tres años (2 S. 13.37–39). En la segunda mitad de su reinado, David chocó con Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Aram de Soba (al N de Damasco). Este rey ya había extendido su gobierno hasta el Éufrates (subyugando al hostil Toi, rey de Hamat, 2 S. 8.10), pero sus súbditos del N deben haberse rebelado, porque cuando David lo atacó Hadad-ezer se proponía “recuperar” lo que había conquistado allí (2 S. 8.3). Tal vez David y Toi pensaron que Hadad-ezer era demasiado peligroso; de todos modos, David anexó Damasco y Toi de Hamat se convirtió en su (súbdito-)aliado, 2 S. 8.5–12. La revuelta contra Hadad-ezer probablemente siguió a las dos grandes derrotas que le infligió David como aliado de Amón (2 S. 10; 1 Cr. 19) con otros estados arameos (véase Unger, pp. 42–46). No se menciona ninguna relación directa de tiempo entre 2 S. 8.3–12 y 2 S. 9–12, pero la guerra amonita probablemente precedió a la de 2 S. 8. En adelante, indudablemente, David sometió a Hadad-ezer y a toda la Siria. El anterior poderío, extenso pero efímero, de Hadad-ezer se refleja quizá en textos asirios posteriores que informan de la forma en que, bajo Asur-rabi II (ca. 1012–972 a.C.), “el rey de Aram” obtuvo el control de Petor (Pitru) y Mutkinu a ambos lados del Éufrates; esto puede señalar la fundación allí del reino arameo de Bit-adini, tal vez la procedencia de las tropas de Hadad-ezer más allá del Éufrates. Para un análisis más detallado, véase Landsberger, Sam’al I, 1948, pp. 35, n. 74; y Malamat, BA 21, 1958, pp. 101–102.
(iii) Salomón (ca. 970–930 a. C.). Probablemente haya sido en la primera mitad de su reino que Salomón venció a “Hamat de Soba”, e. d. presumiblemente sofocó una revuelta en la parte S del territorio de Hamat que lindaba con Soba, tal vez una revuelta contra la categoría de súbditoaliado que tenía Hamat (?). De todos modos, el dominio que ejercía Salomón era lo suficientemente efectivo como para que hiciera edificar allí ciudades de aprovisionamiento (2 Cr. 8.3–4). Pero en la última parte del reinado de David, después del desconcierto de Hadad-ezer de Soba, Rezón, apenas un joven, se fue y reunió alrededor de sí una banda de saqueadores. Por algún tiempo, incluso en los primeros años de Salomón, probablemente no fuera más que un rebelde insignificante y errante. Pero para la segunda mitad del reinado de Salomón había logrado el control de Damasco, de la que se hizo rey, sobreviviendo brevemente a Salomón, a quien siempre se había opuesto (1 R. 11.23–25); Rezón, parecería, actuó como bandido hasta ca. 955 a.C., reinando en Damasco probablemente ca. 955–925 a.C., hasta que al fin –lleno de años– murió, y un nuevo “hombre fuerte”, Hezión, se apoderó del trono de Damasco.
(iv) La dinastía de Hezión. El nuevo oportunista fundó una dinastía que duró un siglo. Hezión (ca. 925–915 [?]), su hijo Tabrimón (ca. 915–900 [?]), y su nieto Ben-adad I (ca. 900–860 [?]) están comprobados en este orden y relación, sobre la base de 1 R. 15.18. (La estela de Melcart, que según se sostiene generalmente, evidencia la misma línea (DOTT, pp. 239–41; ANET, pp. 501), en realidad no se puede leer con confianza.) Estos reyes rápidamente convirtieron Damasco en el reino principal de Siria propiamente dicha, con la única rivalidad de Hamat. Cuando fue atacada por Baasa de Israel, Asa de Judá buscó ayuda en Ben-adad I (1 R. 15.18ss).
El *Ben-adad que chocó con Acab (1 R. 20) y fue asesinado por Hazael en tiempos de Joram, ca. 843 a.C. (2 R. 6.24ss; 8.7–15) es, probablemente, otro rey, un Ben-adad II (ca. [?] 860–843), pero es posible argumentar, como lo hace Albright, que se trata de Ben-adad I (en cuyo caso, ca. 900–843 a.C., reinado largo por cierto, pero no sin paralelo). Este Ben-adad II/I es casi seguramente el Adad-idri (“Hadad-ezer”) de Damasco a quien Salmanasar III atacó en 853, 849, 848, y 845 a.C., y a cuyo asesinato y reemplazo por *Ben-adad alude también el asirio. Los nombres dobles son comunes entre los gobernantes del antiguo Cercano Oriente; Ben-adad/Adad-idri no es sino un ejemplo más. Ben-adad de Damasco y Urhileni de Hamat fueron los que dirigieron la oposición contra Asiria y proporcionaron los contingentes armados más numerosos, aunque sus esfuerzos fueron gallardamente igualados en este sentido por Acab de Israel en 853 a.C. en Carcar (ANET, pp. 278–281; Wiseman en DOTT, pp. 47).
(v) Hazael a Rezín. El usurpador *Hazael (ca. 843–796 a.C.) chocó casi de inmediato con Joram de Israel (842/1 a.C.), cf. 2 R. 8.28–29; 9.15. Jehú obtuvo el trono de Israel en esta época, pero él y otros pagaron tributo a Asiria (ANET, pp. 280; DOTT, pp. 48; IBA, pp. 57, fig(s). 51), dejando a Hazael de Damasco a que se opusiese a Asiria solo en 841 y 837 a.C. (Unger, op. cit., pp. 76–78). De allí en adelante Hazael atacó salvajemente a Israel bajo Jehú, tomando la Transjordania (2 R. 10.32–33), y durante todo el reinado de Joacaz, ca. 814/3–798 a.C. (2 R. 13.22). Pero hubo alivio temporario; el “salvador” enviado por Dios en esa oportunidad (2 R. 13.5) puede haber sido Adad-nirari III de Asiria, que intervino contra Hazael (llamado “Mari”) alrededor del 805–802 a.C.
En los primeros años del israelita Joás la presión fue mantenida al principio por el hijo de Hazael, Ben-adad III (2 R. 13.3). Pero como lo prometió Dios por Eliseo, Joás (ca. 798–782/1 a.C.) pudo recuperar de Ben-adad los territorios anteriormente perdidos ante Hazael (2 R. 13.14–19, 22–25). Ben-adad ascendió ca. 796 a.C., y reinó hasta el 770 a.C. aprox., según las pruebas que proporciona la estela de Zakur (véase Unger, op. cit., pp. 85–89; DOTT, pp. 242–250), Ben-adad encabezó una poderosa coalición contra Zakur de Hamat, un usurpador de Luás que había obtenido el control de todo el reino de Hamat-Luás. Pero Zakur y sus aliados derrotaron la coalición de Ben-adad, y de este modo señalaron la terminación del dominio en Siria del reino arameo de Damasco.
Poco después de esto, la desacreditada Damasco estuvo sometida al dominio de Jeroboam II de Israel (2 R. 14.28). Más tarde todavía, tal vez después de la muerte de Jeroboam II en 753 a.C., un rey *Rezín (as. RahÉianu) apareció en Damasco y amenazó a Judá como aliado de Israel, llegando (como Hazael) a conquistar la Transjordania de nuevo; pero Acaz de Judá apeló a Tiglat-pileser III de Asiria, el que en 732 a.C. derrotó y mató a Rezín (2 R. 16.5–9; ANET, pp. 283), deportando a los infelices arameos a Kir, irónicamente su antigua tierra natal, como lo profetizó Amós (1.4–5).
(vi) Otros reinos arameos se mencionan raras veces en las Escrituras. En 701 a.C. Senaquerib se burló de Ezequías por la impotencia de los reyes y dioses de *Arfad, *Hamat, *Gozán, *Harán, *Resef (as. Ras\appa), y “los hijos de Edén que estaban en Telasar” (2 R. 18.34; 19.12–13). Estos últimos constituyen el pueblo de la provincia aramea (anteriormente reino) de Bit-adini, la “Casa de Edén” o Bet-edén de Am. 1.5.
Bibliografía.M. F. Unger, R. T. O’Callaghan, A. Malamat (obras citadas al final de II.b); A. Dupont-Sommer, Les Araméens, 1949. Estudios específicos incluyen: R. de Vaux, RB 43, 1934, pp. 512–518, y A. Jepsen, AfO 14, 1941–4, pp. 133–172, e ibid. 16, 1952–3, pp. 315–317; B. Mazar, BA 25, 1962, pp. 98–120, para Aram-Damasco e Israel; E. O. Forrer, en Ebeling y Meissner, Reallexikon der Assyriologie, 1, 1932, pp. 131–139 (Aramu), y B. Landsberger, Sam’al I, 1948; W. F. Albright en AS 6, 1956, pp. 75–85, sobre la penetración asiria en la política y el arte arameos; A. Malamat, en POTT, pp. 134–155. Inscripciones, cf. J. C. L. Gibson, Textbook of Syrian Semitic Inscriptions, 2, 1975.
d. Lengua
Véase * Lengua del Antiguo Testamento.
La presencia de arameísmos en el AT indica, con frecuencia, una fecha temprana, no tardía. Nótense los rastros de formas arameas del 2º milenio (II.b, sup.). Los estados arameos en Siria que existían por lo menos desde el reinado de Saúl, y los casamientos en la época de David (Talmai), evidencian influencia lingüística aramea en Palestina en esa época. Finalmente, algunos “arameísmos” son en realidad hebraísmos (o cananeísmos) en arameo (cf. K. A. Kitchen, Ancient Orient and Old Testament, 1966, pp. 143–146; A. Hurwitz, IEJ 18, 1968, pp. 234–240).
e. Cultura aramea
La gran contribución de los arameos a la antigua cultura oriental fue su lengua: al principio en el comercio y la diplomacia, luego para la comunicación en extensas zonas (véase sup.), pero también como medio literario (véase R. A. Bowman, “Aramaic, Arameans and the Bible”, JNES 7, 1948, pp. 65–99). La historia y los proverbios de Ahicar se ubican en la Asiria de Senaquerib e indudablemente retroceden en su origen casi hasta esa época; del ss. V a.C. provienen los textos religiosos en escritura demótica (egipcia) (Bowman, JNES 3, 1944, pp. 219–231) y los papiros Blacassiani (G. A. Cooke, A Textbook of North-Semitic Inscriptions, 1903, pp. 206–210, No. 76). Más tarde todavía tenemos los textos mágicos, incluyendo uno en escritura cuneiforme de la era seléucida (C. H. Gordon, AfO 12, 1937–9, pp. 105–117). El siriaco fue en la época cristiana una gran provincia de la literatura cristiana. Los principales dioses de los arameos son Baal-samain y otras formas de Baal, Hadad el dios de la tormenta, deidades cananeas tales como Astar, y deidades mesopotámicas, incluyendo Marduk, Nebo, Samas, etc. (J. A. Fitzmyer, The Aramaic Inscriptions of Sefire, 1967, pp. 33ss). Véase Dupont-Sommer, Les Araméens, pp. 106–119; Dhorme y Dussaud, Religions, Babylonie, etc., 1949, pp. 389ss.
LA BALA PERDIDA.
Hace 22 horas
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