domingo 29 de junio de 2008

ALEJANDRÍA

Alejandría
I. La ciudad
a. Ubicación

Gran puerto marítimo en la costa NO del delta egipcio, sobre el angosto istmo entre el mar y el lago Mareotis. Fue fundada en 332 a.C. por Alejandro (Magno) de Macedonia, quien le puso su nombre. Su única predecesora en el lugar fue una pequeña colonia egipcia, Rakotis, que fue absorbida por la parte occidental de la nueva ciudad; en el habla nativa de los egipcios (ejemplificada por el copto siglos más tarde), el nombre Rakotis se extendió a Alejandría. Aparentemente la ciudad se trazó según un plano en “cuadrículas”, con calles entrecruzadas e insulae o manzanas; pero como los restos de la antigua ciudad están sepultados bajo su sucesora moderna de manera inextricable toda reconstrucción de su planificación y de la ubicación de sus grandes edificios debe basarse en buena medida en referencias literarias nada precisas por sí solas, por lo que no puede ser exacta. No fue sino en la época de Tolomeo II (ca. 285–246 a.C.) cuando Alejandría alcanzó los niveles de esplendor arquitectónico que la hicieron tan famosa en las descripciones de los escritores posteriores. Entre la costa y la isla de Faro había una calzada elevada de conexión, el “Heptastadion” (‘siete estadios’, 1.300 m de largo), que dividía el fondeadero en un puerto occidental y otro oriental o gran puerto, cuya entrada estaba dominada por la torre luminosa de Faro. También contenía el puerto real y estaba flanqueado por el palacio real al E. Al S de la línea de la costa, extendiéndose a todo lo largo por detrás y hasta el lago Mareotis, se encontraba la ciudad.
b. Población
Desde el principio Alejandría fue una ciudad sumamente cosmopolita. Además de sus ciudadanos griegos y de numerosos inmigrantes pobres de Grecia, había una comunidad judía considerable (cf. posteriormente, Hch. 6.9; 18.24) que estaba gobernada por su propio etnarca, y vivía en su propio barrio (aunque no estuvo restringida a él hasta 38 d.C.) y una población egipcia nativa bastante numerosa, especialmente en el distrito de Rakotis en el O. En Rakotis estaba el Serapeum, templo de la deidad egipcio-helénica Serapis, culto que Tolomeo I promovió especialmente, tal vez para que sirviera de vínculo común a griegos y egipcios (Sir. H. I. Bell).
c. El papel de la ciudad
Políticamente Alejandría se convirtió en capital de Egipto bajo los *Tolomeos, reyes grecomacedónicos de Egipto ca. 323–30 a.C. Bajo los primeros y enérgicos reyes de esta línea se convirtió en la ciudad helénica principal de sus días. Alejandría continuó siendo la capital administrativa de Egipto hasta la época imperarial romana y la bizantina. Fue el centro bancario de todo Egipto, una activa ciudad manufacturera (telas, vidrio, papiro, etc.) y un puerto pujante. Allí se hacía el trasbordo de los productos exóticos de Arabia, la India y el E, y desde allí zarpaban, en los tiempos de los romanos, los grandes barcos graneros de Alejandría (cf. Hch. 27.6; 28.11) a fin de proporcionar trigo barato para los plebeyos romanos. Finalmente, Alejandría se convirtió rápidamente en excelente centro de estudios, y siguió siéndolo por mucho tiempo. Al reinado de Tolomeo I (323–285 a.C.) o de Tolomeo II (285–246 a.C.) pertenece la fundación del “museo”, en el que los sabios investigaban y enseñaban las artes y las ciencias, y la biblioteca, que llegó a contener millares de obras sobre docenas de miles de rollos de papiro.
II. Judaísmo y cristianismo
La gran comunidad judía de Alejandría estaba concentrada en la zona oriental, pero con centros de culto en todos los rincones de la ciudad (Filón, Legatio ad Gaium 132). Una sinagoga muy famosa, magníficamente instalada, era tan grande que debían usarse banderas para indicar el amén (TB Sukkah 51b, citado en BC, 1, pp. 152s). Pero además, Alejandría fue el centro intelectual y literario de la dispersión. Fue allí que se produjo el AT griego, la Septuaginta (* Filón), y allí surgieron obras tales como el Libro de la Sabiduría (* Filón) con sus modificaciones platónicas de las categorías del AT y su interés helénico en la cosmología y la inmortalidad. Fue la ciudad del fecundo *Filón, quizás el primer erudito de consideración que utilizó los materiales bíblicos como datos filosóficos—aunque “su objeto no es investigar sino armonizar” (Bigg, pp. 32)—y el primer exponente importante de la exégesis alegórica de la Escritura. Cualesquiera hayan sido los deméritos del ensayo de síntesis de Atenas y Jerusalén por los judíos de Alejandría (y algunos de ellos pueden considerarse enormidades), los documentos literarios que nos quedan dan testimonio de su energía intelectual, su interés misionero, y, a pesar de las audaces desviaciones de las formulaciones tradicionales, una gran seriedad en lo referente a las Escrituras. Estas características tuvieron considerable influencia indirecta sobre el cristianismo griego primitivo. Resulta significativo que el elocuente predicador viajero *Apolos, que se convirtió en una importante figura de la iglesia apostólica, fuera un judío alejandrino “poderoso en las Escrituras” (Hch. 18.24). Se ha relacionado la Epístola a los Hebreos (debido al uso de terminología muy apreciada por los alejandrinos, y su modo característico de usar el AT) si no necesariamente con él por lo menos con un fondo alejandrino; lo mismo ha ocurrido, con menos fundamentos, con otros libros del NT (cf. J. N. Sanders, The Fourth Gospel in the Early Church, 1943; S. G. F. Brandon, The Fall of Jerusalem and the Christian Church, 1951). Pero aparte de tradiciones poco confiables sobre los medios de que se valió el evangelista Marcos (que pueden relacionarse directamente con la recepción que tuvo su evangelio en Alejandría) el origen y la historia de la época primitiva de la iglesia de Alejandría permanecen completamente ocultos (* África).
Se ha sugerido que el judaísmo alejandrino había filosofado hasta tal punto sobre la esperanza mesiánica, que el primer período de predicación cristiana tardó mucho en producir frutos allí. Los testimonios existentes son insuficientes para probar esta hipótesis. Es indudable, sin embargo, que cuando se analiza plenamente el cristianismo alejandrino, se pone de manifiesto que fue heredero del judaísmo de Alejandría. El celo misionero, la apologética filosófica, la exégesis alegórica, la aplicación al comentario bíblico y la pasión por la síntesis intelectual que a veces causa estragos en la doctrina, son comunes a ambos. Alguna vía de comunicación, actualmente poco clara, une a Filón con Clemente de Alejandría; pero no sería una conjetura demasiado audaz afirmar que dicha vía pasa por la conversión a Cristo de un considerable número de judíos o sus adherentes en Alejandría durante el período apolstólico o subapostólico.
Bibliografía.°DBA; J. Daniélou, Nueva historia de la iglesia, t(t). I, 1964, pp. 165ss.
Para el fondo histórico y cultural corriente relativo a Alejandría, tolemaica y bizantina, véanse respectivamente CAH, 7, 1928, cap(s). IV, sec. vii, pp. 142–148, cap(s). VIII-IX, pp. 249–311, e ibid., 12, 1939, cap(s). XIV, sec. i, pp. 476–492. Útil y compacto, con referencia a las reliquias existentes, es E. Breccia, Alexandrea ad Aegyptum, A Guide…, 1922. Una descripción popular y amena de la historia y el estilo de vida en la antigua Alejandría es H. T. Davis, Alexandria, the Golden City, 2 t(t). 1957. Un estudio excelente del paganismo, el judaísmo y el advenimiento y triunfo del cristianismo en Egipto en general, y tamb. en Alejandría, lo proporciona Sir Harold Idris Bell, Cults and Creeds in Graeco-Roman Egypt, 1953. Sobre Alejandría y el cristianismo, véase tamb. J. M. Creed en S. R. K. Glanville (eds.), The Legacy of Egypt, 1942, pp. 300–316; A. F. Shore en J. R. Harris (eds.), The Legacy of Egypt 2, 1971, pp. 390–398; C. Bigg, The Christian Platonists of Alexandria 2, 1913; J. E. L. Oulton y H. Chadwick, Alexandrian Christianity, 1954; L. W. Barnard, “St Mark and Alexandria”, HTR 57, 1964, pp. 145–150.

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